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martes
03 Junio 2014
Martes de la séptima semana de Pascua
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Juan 17,1-11a.
Jesús levantó los
ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te
glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida
eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu
Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me
encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes
que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos
y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido
verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me
enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque
son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido
glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a
ti."
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de
Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la
Iglesia
Comentario sobre el evangelio de Juan, 4,2 (trad. breviario 3er sábado de
Pascua)
"Como le diste autoridad sobre todo ser vivo, Él dará la
vida eterna a todos aquellos que tu les diste"
“Por todos muero, dice el Señor, para vivificarlos a todos y redimir con mi
carne la carne de todos. En mi muerte morirá la muerte y conmigo resucitará la
naturaleza humana de la postración en que había caído. Con esta finalidad me he
hecho semejante a vosotros y he querido nacer de la descendencia de Abrahán
para asemejarme en todo a mis hermanos” (He 2,17)…
Si Cristo no se hubiera entregado por nosotros a la muerte, él solo por la
redención de todos, nunca hubiera podido ser destituido el que tenía el dominio
de la muerte, ni hubiera sido posible destruir la muerte, pues él es el único
que está por encima de todos.
Por ello se aplica a Cristo aquello que se dice en un lugar del libro de los
salmos, donde Cristo aparece ofreciéndose por nosotros a Dios Padre: Tú no
quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído; no pides
sacrificio expiatorio, entonces yo dije: “Aquí estoy” (Sal. 39, 7s; He
10,5)…
Que Cristo ofreciese su carne por la vida del mundo es algo que deducimos de
sus mismas palabras: Padre santo, dijo, guárdalos. Y luego añade: Por ellos me
consagro yo… Cuando dice consagro debe entenderse en el sentido de “me dedico a
Dios” y “me ofrezco como hostia inmaculada en olor de suavidad”. Pues según la
ley se consagraba o llamaba sagrado lo que se ofrecía sobre el altar. Así
Cristo entregó su cuerpo por la vida de todos, y a todos nos devolvió la vida…
Una vez que la Palabra vivificante hubo tomado carne, restituyó a la carne su
propio bien, es decir, le devolvió la vida.
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