miércoles
30 Julio 2014
Memoria de santa Marta
Santa Marta, santa del NT
Memoria de santa Marta, que
recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a
Jesús el Señor, y muerto su hermano Lázaro, profesó: «Tú eres el Cristo, el
Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo».
Marta, María, Lázaro... la
nueva organización del Martirologio Romano ha dado un importante paso al
inscribir en un mismo día a los tres hermanos, de quienes las únicas noticias
que tenemos tienen que ver con que son hermanos y están juntos. Lamentablemente,
aun falta que algún ajuste ulterior de la liturgia haga que la memoria
obligatoria de santa Marta se transforme en memoria obligatoria de los tres
santos juntos. Durante siglos se confundió a María de Betania con María Magdalena, lo
que es incorrecto desde el punto de vista de cómo son presentados los
respectivos personajes en el Evangelio.
Marta y su hermana María
como anfitrionas de Jesús en «un pueblo» -aunque sin mencionar ni a Lázaro ni
al pueblo de Betania-, aparecen en un breve
relato de san Lucas, 10,38-42, y a su vez las dos hermanas relacionadas con
Lázaro y con Betania aparecen mencionadas en
Juan 11,1-53, el largo y significativo relato de la resurrección de Lázaro (que
resulta ser la motivación inmediata de la muerte de Jesús, v.47ss) y nuevamente
en Juan 12,1-8, con la escena de la unción en Betania. Hubo muchas mociones dentro de la
exégesis, sobre todo en el siglo XX, de interpretar estos personajes como
ficticios, es decir, que serían símbolos «puros», no provenientes de recuerdos
concretos sino «fabricados», por así decir, en la catequesis de los primeros
años para enseñar actitudes cristianas concretas. Debe tenerse presente que los
evangelios se compusieron como catequesis, es decir, no como meros recuerdos
biográficos de Jesús, sino para enseñarnos quién es él, para enseñarnos a ver
lo no-visible de Jesús; por ello es lógico que todos los elementos que componen
los evangelios contengan algo de simbolismo. Prácticamente nada de lo que se
dice en los evangelios se cuenta simplemente porque forma parte de un recuerdo
histórico, sino que todo está al servicio de contar ese significado de Jesús.
Sin embargo, dicho esto, debe afirmarse con la misma contundencia que todo lo
que los evangelios cuentan sobre Jesús lo basan, no en su propia imaginación,
sino en cosas que realmente han sucedido, en personajes que realmente rodearon
a Jesús, y en acontecimientos que se verificaron; aun cuando esas cosas, esos
personajes, esos acontecimientos, han sido siempre «trabajados» simbólica y
literariamente para provocar una enseñanza en el lector.
Tomemos el caso de Lázaro.
¿Existió un personaje Lázaro, amigo de Jesús, al que Jesús haya resucitado?
salvo para quien quiere mantener una postura en extremo hipercrítica, y que de
antemano rechace toda conexión de los evangelios con la realidad, el análisis
de los relatos muestra que todo lo que se dice sobre Lázaro se refiere a una
persona concreta. Es claro que para cualquiera es difícil de aceptar la
resurrección de un muerto, y no ya la resurrección trascendente de Jesús, que
resucita y pasa a «otra dimensión de realidad», sino la de alguien que ayer
estaba enterrado y hoy está otra vez comiendo con los suyos... pero la
resurrección de Lázaro no es mas difícil de aceptar que la de la hija de Jairo.
Y si Jesús no resucitó muertos porque es difícil de aceptar, ni expulsó
demonios porque es difícil de aceptar, ni realizó milagros porque es difícil de
aceptar.... ¿por qué se supone que resultó tan urticante y molesto al punto de
que valía la pena sacarlo de en medio al precio que fuera? Jesús resucitó a
Lázaro, y manifestó con ello un poder sobre la vida, de tal modo que años más
tarde, y habiendo vivido la experiencia de la Pascua, el evangelio de Juan pudo
reflexionar y encontrar en ese hecho una gran profundidad de enseñanzas
catequéticas sobre el poder de la luz, sobre el dolor y el amor fraterno, sobre
la esperanza, sobre la fe en que Jesús es el Cristo, y utilizar ese hecho real
de la resurrección, que tal vez fue conocida de unos pocos, ya que ocurrió en
una aldea, y proyectar a través de ello una «clase magistral», los capítulos 11
y 12 de Juan, que hacen la bisagra entre la predicación de Jesús y su «Hora».
Sobre Marta y María tenemos
las dos actitudes bien plasmadas en el relato de Lázaro: Marta que sale al
encuentro, discute con Jesús, en el capítulo 12 sirve la mesa: Marta es activa.
De María se dan tres pinceladas: permaneció en la casa (es decir, de duelo),
pero en cuanto oyó que Jesús la llamaba «se levantó rápidamente, y se fue donde
él» (v. 29), cuando lo ve a Jesús «cayó a sus pies» (v. 32), y en la escena del
capítulo 12 «ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos» (v. 3).
Curiosamente, la tres referencias a María la muestran "a ras de
suelo", mientras que Marta está erguida, discute, va y viene. Juan enseñó
cuestiones importantes en torno a la fe por medio de estas dos hermanas, pero
el centro de lo que estaba hablando está puesto en la resurrección de Lázaro y
en la próxima muerte de Jesús. San Lucas, sin embargo, supo encontrar en esas
dos hermanas dos actitudes que seguramente han sido una constante en la vida de
la Iglesia desde el inicio, y que más tarde darán lugar a los caracteres
«activo» y «contemplativo», así que nos cuenta una escena en donde esos dos
caracteres están manifiestos al extremo: Marta, que «se preocupa y se agita», y
María que «ha elegido la parte buena», contraposición que sirve para dar otro
ejemplo más de una doctrina que es absolutamente central en la predicación de
Jesús y que recorre los cuatro evangelios: sólo una cosa es
importante;
aunque eso único importante se tematiza en distintas partes del Evangelio con
distintos nombres: buscar el Reino de Dios y su justicia, permenecer unidos a la Vid, ver al
Padre, etc.
Marta, María, Lázaro, tres
hermanos, amigos de Jesús, que han sido vehículos para enseñanzas que
difícilmente no tengamos en la memoria, precisamente porque han sido
transmitidas a través de hechos extraordinariamente cotidianos: la agitación e
inquietud que provoca la vida misma, el deseo frecuentemente insatisfecho de
permanecer en silencio ante Dios, el dolor de una pérdida... acontecimientos de
los que ninguna vida está libre, aunque son aquellos de los que más nos cuesta
hablar.
No tiene sentido detenerme
aquí en lo que la leyenda posterior ha hecho de estos personajes: de Lázaro un
obispo de Chipre o de Marsella, de Marta, evangelizadora de la Galia junto con
María, etc... son tradiciones, no sólo incomprobables, sino en muchos detalles ridículas, y pienso que poco
agregan a la comprensión de la santidad de aquellos que la recibieron irradiada
del propio Jesús.
Como bibliografía es
recomendable detenerse en alguna buena exégesis del capítulo 11 de Juan, un
relato central en el mundo del cuarto evangelio; por mi parte recomiendo el
análisis que hace Raymond Brown en «El Evangelio según Juan», ed. Cristiandad,
tomo I, págs 738ss. También pueden
servir comentarios como el «San Jerónimo», ya sea el clásico o el nuevo, pero
ante un relato tan lleno de detalles, conviene algo más completo. Quien quiera
conocer las leyendas en torno a Lázaro y sus hermanas, una fuente buena es el
Butler-Guinea, en sus artículos del 22 de julio (María), 29 de julio (Marta) y
17 de diciembre (Lázaro), sobre todo los dos primeros. No lo he seguido aquí
porque preferí centrarme más en la cuestión de la Escritura, pero es, como
siempre, una lectura de buena calidad. La Enciclopedia Católica, a pesar de sus
muchos años, tiene un artículo de Léon Clugnet (1910) muy interesante y aun
valioso sobre las tradiciones provenzales en torno a san Lázaro.
OOOOOOOOOOOOOOO
No hay comentarios:
Publicar un comentario