martes 07
Octubre 2014
Nuestra Señora, la Virgen del
Rosario
Nuestra Señora, la Virgen del Rosario
Memoria de la Santísima
Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la santa Madre de
Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo
bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión
y Resurrección del Hijo de Dios.
El Rosario es una serie de
150 avemarías repartidas en decenas; cada una de las cuales comienza por un
padrenuestro y termina con un gloria. Los fieles honran durante el rosario a
Cristo y a su Santísima Madre y meditan sobre los quince principales misterios
de la vida de ambos, de suerte que el rosario es una especie de resumen del
Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos y la glorificación del
Señor y una síntesis de su obra redentora. Si se sigue la propuesta del papa
Juan Pablo II, se debe agregar a estos quince los cinco «misterios de la luz»,
que añade al conjunto cinco aspectos «sacramentales» (el bautismo de Jesús, las
Bodas de Caná, la proclamación del
Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía). El cristiano
debería tener siempre presente esos misterios, rendir a Dios un homenaje de
amor perpetuo, alabarle por cuánto sufrió por él, y regular su vida y moldear
su alma con la meditación de los misterios del rosario. Precisamente ese rezo
es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aun a las menos
instruidas, y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y
contemplación. Todo el Evangelio está contenido en el padrenuestro, la oración
que el Señor nos enseñó, y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse
de repetirlo; en cuanto al avemaría, toda ella está centrada en el misterio de
la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho misterio. Aunque
en el avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su
intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a
su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse.
San Pío V ordenó en 1572
que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la
misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables
beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la cristiandad
del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto (1571). Aquel triunfo fue
una especie de respuesta directa del cielo a las oraciones y procesiones del
rosario, organizadas por las cofradías de Roma, en el momento en que se libraba
la batalla. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por
el del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día
en que se había ganado la batalla). El 5 de agosto de 1716, día de la fiesta de
la dedicación de Santa María la Mayor, los cristianos, mandados por el príncipe
Eugenio, infligieron otra importante derrota a los turcos en Peterwardein de Hungría. Con ese
motivo, el Papa Clemente XI extendió a toda la Iglesia de Occidente la fiesta
del Santo Rosario. Actualmente se celebra el 7 de octubre, día en que se ganó
la batalla de Lepanto; pero los dominicos siguen celebrándola el primer domingo
del mes.
Según la tradición
dominicana, ratificada por muchos Pontífices, santo Domingo fue quien dio al
rosario su forma actual, cuando obedeció al pie de la letra las instrucciones
que le dio la Santísima Virgen en una visión. Es posible que no exista ninguna
tradición de este tipo que haya sido más violentamente atacada ni más
apasionadamente defendida. La verdad de aquel suceso fue puesta en duda por
primera vez hace dos siglos y, desde entonces, la controversia se ha entablado
una y otra vez. Ya se sabe que el uso de objetos similares al rosario para
ayudar a la memoria a llevar la cuenta es muy antiguo y anterior a la época de
santo Domingo. Por no citar más que un ejemplo, los monjes de Oriente emplean
una especie de rosario de cien cuentas o perlas dispuestas de modo muy
diferente al nuestro y que no tiene nada que ver con el que nosotros rezamos.
Por otra parte, está fuera de duda que en el siglo XIII se acostumbraba ya en
todo el Occidente repetir cierto número de padrenuestros o avemarías (con frecuencia
150, que es el número de los salmos) y llevar la cuenta por medio de sartas de
cuentecillas. La famosa Lady Godiva, de Coventry, que murió hacia 1075, legó a cierta estatua de Nuestra
Señora «el collar de piedras preciosas que había mandado ensartar en un cordón
para poder contar exactamente sus oraciones» (Guillermo de Melmesbury) . Está prácticamente
probado que dichos collares se usaban para rezar padrenuestros; por ello, en el
siglo XIII y durante toda la Edad Media, se llamaban «paternosters», y se daba el nombre de «paternostreros» a quienes los fabricaban.
Un sabio obispo dominico, Tomás Esser,
afirmaba que la costumbre de meditar durante la recitación de las avemarías
había sido introducida por ciertos cartujos en el siglo XIV. Por otra parte,
ninguna de las historias del rosario anteriores al siglo XV hace mención de
santo Domingo y, durante los dos siglos siguientes, ni siquiera los dominicos
estaban de acuerdo en la manera de definir el papel desempeñado por el santo
fundador. Ninguna de sus biografías primitivas habla del rosario y los primeros
documentos de la orden, aun los que se refirieron a los métodos de oración,
tampoco lo mencionan. Además, la iconografía dominicana, desde los frescos de Fra Angélico hasta la suntuosa
tumba de Santo Domingo en Bolonia (terminada en 1532), no ofrece vestigios del
rosario.
En vista de los hechos que
acabamos de enumerar, la opinión actual sobre el origen del rosario es muy
diferente de la que prevalecía en el siglo XVI. Dom Luis Gougaud escribía en 1922 que «los diferentes
elementos que componen la devoción católica conocida ordinariamente con el
nombre de rosario, son el producto de un desarrollo gradual y prolongado, de
una evolución que comenzó antes de la época de santo Domingo, continuó sin que
el santo influyese en ella y tomó su forma definitiva varios siglos después de
su muerte». El P. Gettino, O.P., opina que santo
Domingo puede considerarse como el creador de la devoción del rosario, porque
popularizó la práctica de rezar una serie de avemarías, aunque no fijó su
número ni determinó la inserción de los padrenuestros. Por su parte, el P. Beda Jarret, O.P., afirma
enfáticamente que el rosario inventado por santo Domingo no era, propiamente
hablando, «una devoción o fórmula de oración sino un método de predicación». El
P. Petitot, O.P. considera que la
visión de la Virgen es un símbolo y no un hecho histórico.
Pero, aunque tal vez haya
que abandonar la idea de que santo Domingo inventó y propagó la devoción del
rosario, no por ello deja ésta de estar íntimamente relacionada con los
dominicos, ya que fueron ellos quienes le dieron la forma que tiene actualmente
y durante varios siglos la han predicado en todo el mundo. Ello ha sido una
fuente de bendiciones para innumerables almas y ha producido una corriente
incesante de oraciones que se elevan a Dios. No hay cristiano, por simple e
iletrado que sea, que no pueda rezar el rosario. Y dicha devoción puede ser el
vehículo de la más alta contemplación y de la oración más sencilla. El rosario,
que es una oración privada, sólo cede en dignidad a los salmos y a la oración
litúrgica, la oración que la Iglesia, en cuanto tal, eleva a Dios todopoderoso
y a su enviado Jesucristo. Todo cristiano está familiarizado con la idea de
que, siendo el rosario una verdadera fuente de gracias, es muy natural que la
Iglesia le consagre una fiesta.
Acerca del origen de esta
fiesta, véase Benedicto XIV, De festis,
lib. II, c. 12, n. 16; y Esser, Unseres Lieben Frauen Rosenkranz, p. 354. Los argumentos
que se oponen a la atribución de la institución del rosario a santo Domingo
pueden verse por extenso en Acta Sanctorum, agosto, vol. I, pp. 422 ss; en The Month, oct. 1900 y abril 1901;
el P. Thurston, autor de dichos artículos, los resumió en Catholic Encyclopedia (lamentablemente, no
hay vesión castellana de este
artículo). Naturalmente no faltan autores que reivindiquen para santo Domingo
la gloria de haber inventado el rosario, por ejemplo, P. W. Lescher, O.P., St Dominic and the Rosary (1902). Sobre el rosario
en los documentos de los últimos pontífices, pueden verse la encíclica «Grata
Recordatio», de Juan XXIII, la
exhortación apostólica «Marialis
Cultus», de Pablo VI, o la carta
apostólica «Rosarium
Virginis
Mariae» de Juan Pablo II, en
la que propone los cinco misterios de luz que mencionábamos más arriba.
Artículo del Butler-Guinea con modificaciones. En nuestro sitio hay un Rosario en línea con lecturas bíblicas
e ilustrado con cuadros de grandes pintores.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston,
SI
.........................................
Su fiesta fue instituida
por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por
los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de
Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una
invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la
Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la
pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.
Historia del Rosario
Desde el principio de la
Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos.
Mas tarde, en muchos de los
monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían
rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en el
siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar,
en vez de los salmos, las Ave Marias.
Los misioneros de Irlanda mas tarde propagaron la costumbre en Europa y
hubieron varios desarrollos con el tiempo.
Santo Domingo busca las
ovejas perdidas
La Madre de Dios, en
persona, le enseñó a Sto. Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo
que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los
enemigos de la Fe.
Domingo de Guzmán era un
santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se
habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen
dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El
malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo.
El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por
consiguiente, Jesús no es Dios.
También negaban los
sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a
reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años
los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos,
pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.
Domingo trabajó por años en
medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y
sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser
ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos.
Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas.
Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en
esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues
sentía que no estaba logrando casi nada.
La Virgen acude en ayuda de
Santo Domingo de Guzmán
La Virgen se le apareció en
la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo.
Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se
convertirían y obtendrían abundantes gracias.
Domingo salió de allí lleno
de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito
por que muchos albingenses volvieron a la fe
católica.
Lamentablemente la
situación entre albingences y cristianos estaba además
vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón
de Montfort, el dirigente del ejército
cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a
rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más
importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria
había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de
gratitud, De Montfort construyó la primera
capilla a Nuestra Señora del Rosario.
Las promesas de la Virgen a
los que recen el rosario
Un creciente número de
hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo
Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos).
Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida
que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la
gloria de Dios y de la Virgen.
El rosario se mantuvo como
la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a
disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha
devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para
registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las
promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.
Promesas de Nuestra Señora,
Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:
1. Quien rece
constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima
protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo
contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las
herejías.
4. El Rosario hace germinar
las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en
el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a
desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me
encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece
mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la
desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador,
perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos
de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi
Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán
partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del
Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario
gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por
medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus
necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo
la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como
hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario
son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo
rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.
La Virgen del Rosario:
¡Vencedora de las batallas!
Europa y con ella toda la
cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de
Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había solución para
la amenaza del Islam. Los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de
espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia,
Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo
era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis
desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista,
España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a
los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada,
cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente
expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La importancia de esta
victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de
América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!
La batalla de Lepanto
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En la época del Papa Pío V
(1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la
invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban
divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda
pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el
Santo Rosario. Por fin en 1571 se estableció una liga para la defensa de
Europa. El 7 de octubre de 1571se encontraron las flotas cristianas y
musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La
flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia,
Génova y España y comandada por Don Juan de Austria, entró en batalla contra un
enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo. Antes del
ataque, las tropas cristianas rezaron el santo rosario con devoción. La batalla
de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos
resultaron victoriosos.
En Roma, el Papa se hallaba
recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa victoria
para los cristianos. El poder de los turcos en el mar se había disuelto para
siempre. El Papa salió de su capilla y, guiado por una inspiración, anunció con
mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la victoria. Semanas
mas tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién. desde un
principio, le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de
Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V
instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía
de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más
adelante, el Papa Gregorio III cambió la fiesta a la Nuestra Señora del
Rosario.
Los turcos seguían siendo
poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde el Este
y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de Austria.
Una vez mas, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban la ciudad
toda Europa se hacia muy vulnerable. El emperador puso su esperanza en Nuestra
Señora del Rosario. Hubo gran lucha y derramamiento de sangre y la ciudad
parecía perdida. El alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de María,
12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, conduciendo un ejército de
rescate, derrotó a los turcos.
La batalla de Temesvar
El Príncipe Eugenio de
Saboya derrotó en Temesvar (en la Rumania moderna) a
un ejercito turco dos veces mas grande que el suyo, el 5 de agosto de 1716, que
en aquel entonces era la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves. El Papa
Clemente XI atribuyó esta victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora
del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera
celebrada por la Iglesia universal.
Excelencia del Rosario
A lo largo de los siglos
los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado
indulgencias.
Dijo Nuestro Señor:
"Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos" (Mt 18:20). El rosario en familia es algo maravilloso. Es un modo
práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance
de todos. Los Papas, especialmente los más recientes, han hecho gran énfasis
sobre la importancia del rosario en familia.
El Papa dominico, San Pío V
(1566 - 1572) dio el encargo a su congregación de propagar el santo rosario.
Muchos Papas han sido grandes devotos del rosario y lo han propagado con
profunda convicción y confianza.
Su Santidad León XIII
escribió doce encíclicas referentes al rosario. Insistió en el rezo del
rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título
de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo
esto mereció el título de "El Papa del Rosario"
Todos los Papas del siglo
XX han sido muy devotos del Santo Rosario.
Su Santidad Juan Pablo II
nos insiste en el rezo del Santo Rosario. Recen en familia, en grupos. Recen en
privado. Inviten a todos a rezar. No tengan miedo de compartir la fe. Nada mas
importante. El mundo está en crisis. Nuestras fuerzas humanas no son suficientes.
La victoria vendrá una vez mas por la Virgen María. Es la victoria de su Hijo,
el Señor Rey del Universo: Jesucristo.
Un gran apóstol del rosario
en familia es el Padre Patrick Peyton,
quién llevó a cabo los primeros planes para que se hiciera una cruzada a nivel
mundial del rosario en familia en el Holy
Cross College, Washington D.C., en enero
de 1942. Hizo esta cruzada en acción de gracias a María Santísima por la
restauración de su salud. De una forma maravillosa la cruzada se propagó por
todo el mundo con el lema: "La familia que reza unida, permanece unida".
Recomendado por la Virgen
en diversas apariciones
A la Virgen María le
encanta el rosario. Es la oración de los sencillos y de los grandes. Es tan
simple, que está al alcance de todos; se puede rezar en cualquier parte y a
cualquier hora. El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo
especial. La Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a
Bernardita en Lourdes. Cuando se les apareció a los tres pastorcitos en Fátima,
también tenía un rosario. Fue en Fátima donde ella misma se identificó con el
título de "La Señora del Rosario".
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