miércoles, 31 de diciembre de 2014

31 Diciembre 2014 Evangelio según San Juan 1,1-18.

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miércoles 31 Diciembre 2014



Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Beato John Henry
Newman (1801-1890), teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Sermón de la Encarnación

“Y el Verbo se hizo carne”
La Palabra era desde los orígenes, el Hijo Único de Dios. Antes que los mundos fueran creados, incluso antes del tiempo, ella ya era, en el seno del Padre eterno, Dios de Dios y Luz de Luz, supremamente bendita en el conocimiento que tenía del Padre y el conocimiento que el Padre tenía de ella, recibiendo del Padre toda perfección divina, pero siempre una con él que la había engendrado. Como se dice en el principio del Evangelio: “En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”…


     Cuando el hombre cayó, la Palabra hubiera podido, en verdad, permanecer en la gloria que tenía con el Padre. Pero el amor insondable que nos había mostrado en el origen de la creación, insatisfecho al ver su obra estropeada, le hizo descender desde el seno del Padre para llevar a cabo la voluntad de éste y reparar el mal que el pecado había causado. Con una indulgencia admirable, vino, pero no ya revestido de poder, sino de debilidad, bajo la forma de siervo, bajo la apariencia de hombre caído al cual tenía el designio de levantar. Así, se humilló, sufriendo todas las debilidades de nuestra naturaleza, semejante en todo a nuestra carne pecadora, semejante al pecador con excepción del pecado, limpio de toda falta, pero sometido a cualquier tentación y, por fin, “obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (
Flp 2,8)…


     Así, el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre –mortal, pero no pecador; heredero de nuestra debilidades, no de nuestra falta; retoño de la antigua raza, pero “principio de la nueva creación” (
Ap 3,14). Maria, su madre… dio una naturaleza creada a aquel que era su Creador. Así es como vino a este mundo, no sobre las nubes del cielo, sino nacido aquí abajo, nacido de una mujer; Él, hijo de María, ella, madre de Dios… Verdaderamente era Dios y hombre, pero una sola persona…, un solo Cristo.





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martes, 30 de diciembre de 2014

30 Diciembre 2014 __ Evangelio según San Lucas 2,22.36-40.

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martes 30 Diciembre 2014


Evangelio según San Lucas 2,22.36-40.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de
Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Adán de
Perseigne (¿ -1221), abad cisterciense
Sermón 4 para Navidad

«Los padres de Jesús le llevaron al Templo para presentarlo»
Que la carne se acerque al Verbo hecho carne hoy, para comprender cuales son sus propios límites y en ella aprender, poco a poco, a pasar de la carne al Espíritu. Que nos acerquemos, pues, hoy a Él porque un nuevo sol brilla más de lo ordinario. Hasta aquí encerrado en Belén en la estrechez de un pesebre y conocido sólo por un número reducido de personas, hoy va Jerusalén, al Templo del Señor; allí es presentado ante más de una persona. Hasta ahí, tú, Belén, te has regocijado tu sola de la luz que se nos ha dado para todos; orgullosa de un privilegio, de una novedad inaudita, podías rivalizar con el mismo Oriente por tu luz. Más aún, cosa increíble de decir, en ti había, en un pesebre más luz que toda la que el sol de este mundo puede difundir cuando se levanta... Pero hoy, el sol se lanza para iluminar al mundo entero. Hoy, el Señor del Templo se ofrece en el Templo de Jerusalén.

¡Qué dichosos son los que, en la soledad de un corazón pacífico se ofrecen a Dios como Cristo se ofreció como una paloma! Éstos están maduros para celebrar con María el misterio de la purificación... No es la Madre de Dios, que jamás consintió al pecado la que ha sido purificada en este día. Es el hombre ensuciado por el pecado que hoy ha sido purificado por su alumbramiento y su ofrenda voluntaria... Es nuestra purificación la que hemos obtenido por María... Si abrazamos con fe al fruto de sus entrañas, si nos ofrecemos con Él en el Templo, es el misterio que celebramos el que nos purificará.







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lunes, 29 de diciembre de 2014

29 Diciembre 2014 __ Evangelio según San Lucas 2,22-35.

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lunes 29 Diciembre 2014

Evangelio según San Lucas 2,22-35.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Santa Teresa de Jesús (1515-1582), carmelita y doctora de la Iglesia
Camino de perfección, c. 31/33

«Simeón tomo al niño en sus brazos»
Es en esta oración de quietud, adonde a mí me parece comienza el Señor, como he dicho, a dar a entender que oye nuestra petición, y comienza ya a darnos su reino aquí, para que de veras le alabemos y santifiquemos su nombre y procuremos lo hagan todos.


Es ya cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos; porque es un ponerse el alma en paz o ponerla el Señor con su presencia por mejor decir, como hizo al justo Simeón (
Lc 2, 29), porque todas las potencias se sosiegan. Entiende el alma, por una manera muy fuera de entender con los sentidos exteriores, que ya está junto cabe su Dios, que, con poquito más, llegará a estar hecha una misma cosa con él por unión. Esto no es porque lo ve con los ojos del cuerpo ni del alma. Tampoco no veía el justo Simeón más del glorioso niño pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca gente con él que iban en la procesión, más pudiera juzgarle por hijo de gente pobre que por Hijo del Padre celestial; mas dióselo el mismo Niño a entender.


Y así lo entiende acá el alma, aunque no con esa claridad; porque aun ella no entiende cómo lo entiende más de que se ve en el reino (al menos cabe el Rey que se le ha de dar), y parece que la misma alma está con acatamiento aun para no osar pedir.




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domingo, 28 de diciembre de 2014

28 Diciembre 2014 _ Evangelio según San Lucas 2,22-40.

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domingo 28 Diciembre 2014



Evangelio según San Lucas 2,22-40.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de
Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Un camino muy simple

«Regresaron a Galilea, a su pueblo de Nazaret»
Podéis orar a la Sagrada Familia por vuestra familia:

Padre nuestro que estás en el cielo, tú nos has dado un modelo de vida
en la Sagrada Familia de Nazaret.
Ayúdanos, Padre amantísimo, a hacer de nuestra familia
un nuevo Nazaret donde reine la alegría y la paz.
Que sea profundamente contemplativa,
intensamente eucarística y vibrante de gozo.
Ayúdanos a permanecer unidos en los gozos y en las penas
gracias a la oración familiar.
Enséñanos a reconocer a Jesús
en cada miembro de nuestra familia,
particularmente cuando sufre y está herida.
Que el Corazón eucarístico de Jesús
haga nuestros corazones suaves y humildes, semejantes al suyo (Mt 11,29).
Ayúdanos a cumplir santamente nuestra vocación familiar.
Que nos podamos amar los unos a los otros
como Dios nos ama a cada uno
cada día más,
y nos perdonemos mutuamente nuestras faltas
así como tú perdonas nuestros pecados.
Ayúdanos, Padre amantísimo,
a acoger todo lo que nos das
con una amplia sonrisa.
Corazón inmaculado de María, causa de nuestra alegría,
ora por nosotros.
Santos ángeles de la guardia,
permaneced junto a nosotros,
guiadnos, protegednos.
Amén.




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ENCUESTA DE OPINIÓN_ (Mt 16,13-20;

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ENCUESTA DE OPINIÓN
(Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21)
Por

La pregunta aletea por la tierra
y acaricia la cimas.
¿Quién es el visionario que nos habla?.
¿Es acaso otro mago, otro profeta?.
¿Es acaso el Mesías?.
Nada saben de Ti, Rey y Señor,
eres un hombre más,
un pobre carpintero en Nazaret
que, por tu erudición,
explicas bien los Libros de la Ley
y muestras ante el pueblo gran poder.
¿Serás, en realidad, hijo de Dios?.
Preguntas a los tuyos: ¿Quién soy yo?.
Unos dicen que Juan,
otros dicen que Elías,
solamente lo sabe el fiel Simón
que, con seguridad, dice: El Mesías,
el ungido de Dios.
Por esta celestial revelación
le eliges como jefe de la Iglesia,
él será siempre Kefas,
la roca inconmovible
que guardará el mensaje de tu amor.
Le revistes de eterna autoridad,
le confías las llaves de tu reino
y, como tú, será
debelador del reino del pecado,
encargado de atar y desatar
y de cumplir las órdenes del cielo.
Aún vaga aleteando por la tierra,
y acaricia las cimas,
la pregunta esencial de tu existencia:
¿Eres Dios?, ¿eres hombre?, ¿eres profeta?.
Aún siguen sin saber qué contestar.
Quizá los niños sepan la respuesta.
En la constante encuesta de opinión
La cruz está en : No sabe, no contesta.
Pero si el hombre te abre el corazón
tu amor será su máxima certeza.



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SOY LO QUE SOY, SEÑOR

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SOY LO QUE SOY, SEÑOR
Por
  

Soy como soy
porque así me has creado,
soy cuanto soy
porque es tu voluntad,
yo nada soy
si no estás en mi barro
y si algo soy
lo debo a tu bondad.
Aunque así soy
deseo ser tu esclavo,
pecador soy
y obtengo tu piedad,
tal como soy
me admites como hermano
y si en Ti soy
me darás tu heredad.
Contigo soy
una hoja de tu árbol,
humilde soy
digno de majestad,
yo sé que soy
hechura de tu mano
y por Ti soy
un ser en libertad.
Con tu bien soy
valiente, sobrehumano,
con tu luz soy
faro en la oscuridad,
en tu paz soy
feliz y sosegado
y por fe soy
divina inmensidad.
Por ser quien soy
te has hecho Dios humano,
por tu amor soy
dueño de tu verdad,
así cual soy
me llamas a tu lado
y lo que soy
será en Ti eternidad.



Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)



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A CRISTO

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Dime quién eres tú.
¿Eres quizá dolor,
pues con citar tu nombre
vuelve ancestral temor
del mundo pecador
y se estremece el hombre?
Dime quién eres tú.
¿Eres acaso amor?.
¿Eres suave susurro de arroyuelo,
sauce florido, ave que en su vuelo
agita la alegría y el consuelo
con celestial ardor?.




Dime quién eres tú,
que sufriste el dolor
en el cuerpo de un hombre,
entregando tu amor,
humillando tu nombre.
Dime quién eres tú.
¿Eres Dios, el Señor
que ilumina en su lumbre
a la pálida flor,
a la más alta cumbre?.



Dime quién eres tú.
¿Acaso fuiste un hombre?.
¡Qué grande fue tu vida en este suelo!,
en un abrazo uniste tierra y cielo
llevándonos a Dios en raudo vuelo
como el mejor pastor.
Dime quién eres tú.
¿Eres el creador?.
Si eres Dios, es tan grande tu bondad
que te hiciste hombre, humilde en tu deidad,
y has venido a legarnos la verdad
en un dulce fervor.





   Emma Margarita R.A.-Valdés     

  


Reservados todos los Derechos de Autor.
Prohibida la reproducción sin expreso consentimiento.
Gráficos: Diseños Juanca © Copyright
email de la Autora: emmarav@teleline.es




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sábado, 27 de diciembre de 2014

_MAÑANA.__domingo 28 Diciembre 2014 Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista •

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domingo 28 Diciembre 2014

Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista

San Juan, apóstol y evangelista
Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo, que junto con su hermano Santiago y con Pedro fue testigo de la transfiguración y de la pasión del Señor, y al pie de la cruz recibió de Él a María como madre. En su evangelio y en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando lo que vio.
 
San Juan tuvo la inmensa dicha de ser el discípulo más amado por Jesús. Nació en Galilea y fue hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el mayor.
San Juan era pescador, tal como su hermano y su padre, y según señalan los antiguos relatos, al parecer fue San Juan, que también fue discípulo de Juan el Bautista, uno de los dos primeros discípulos de Jesús junto con Andrés. La primera vez que Juan conoció a Jesús estaba con su hermano Santiago, y con sus amigos Simón y Andrés remendando las redes a la orilla del lago; el Señor pasó cerca y les dijo: "Vengan conmigo y los haré pescadores de almas".
Ante este subliminal llamado, el apóstol dejó inmediatamente sus redes, a su padre y lo siguió. Juan evangelista conformó junto con Pedro y Santiago, el pequeño grupo de preferidos que Jesús llevaba a todas partes y que presenciaron sus más grandes milagros. Los tres estuvieron presentes en la Transfiguración, y presenciaron la resurrección de la hija de Jairo. Los tres presenciaron la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos; y junto con Pedro se encargó de preparar la Última Cena. A Juan y su hermano Santiago les puso Jesús un sobrenombre: "Hijos del trueno", debido al carácter impetuoso que ambos tenían.
Estos dos hermanos vanidosos y malgeniados se volvieron humildes, amables y bondadosos cuando recibieron el Espíritu Santo. Juan, en la Última Cena, tuvo el honor de recostar su cabeza sobre el corazón de Cristo. Fue el único de los apóstoles que estuvo presente en el Calvario. Y recibió de Él en sus últimos momentos el más precioso de los regalos. Cristo le encomendó que se encargara de cuidar a la Madre Santísima María, como si fuera su propia madre, diciéndole: "He ahí a tu madre". Y diciendo a María: "He ahí a tu hijo". El domingo de la resurrección, fue el primero de los apóstoles en llegar al sepulcro vacío de Jesús. Después de la resurrección de Cristo, en la segunda pesca milagrosa, Juan fue el primero en reconocer a Jesús en la orilla.
Luego Pedro le preguntó al Señor señalando a Juan: "¿Y éste qué?". Jesús le respondió: "Y si yo quiero que se quede hasta que yo venga, a ti qué?". Con esto algunos creyeron que el Señor había anunciado que Juan no moriría. Pero lo que anunció fue que se quedaría vivo por bastante tiempo, hasta que el reinado de Cristo se hubiera extendido mucho. Y en efecto vivió hasta el año 100, y fue el único apóstol al cual no lograron matar los perseguidores. Juan se encargó de cuidar a María Santísima como el más cariñoso de los hijos. Con Ella se fue a evangelizar a Éfeso y la acompañó hasta la hora de su gloriosa muerte. El emperador Domiciano quiso matar al apóstol San Juan y lo hizo echar en una olla de aceite hirviente, pero él salió de allá más joven y más sano de lo que había entrado, siendo desterrado de la isla de Patmos, donde fue escrito el Apocalipsis. Después volvió otra vez a Éfeso donde escribió el Evangelio.
A San Juan Evangelista se le representa con un águila al lado, como símbolo de la elevada espiritualidad que transmite con sus escritos. Ningún otro libro tiene tan elevados pensamientos como su Evangelio. Según señala San Jerónimo cuando San Juan era ya muy anciano se hacía llevar a las reuniones de los cristianos y lo único que les decía siempre era esto: "hermanos, ámense los unos a otros". Una vez le preguntaron por qué repetía siempre lo mismo, y respondió: "es que ese es el mandato de Jesús, y si lo cumplimos, todo lo demás vendrá por añadidura". San Epifanio señaló que San Juan murió hacia el año 100 a los 94 años de edad
 
San Juan   « San Juan, natural de Betsaida de Galilea, fue hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Santiago el Mayor. Siendo primeramente discípulo de San Juan Bautista y buscándolo con todo corazón el reino de Dios, siguió después a Jesús, y llegó a ser pronto su discípulo predilecto.
Desde la cruz el Señor le confió su Santísima Madre, de la cual Juan, en adelante, cuidó como de la propia.- Juan era aquél discípulo «al cual Jesús amaba» y que en la última Cena estaba «recostado sobre el pecho de Jesús» (Juan 13, 23), como amigo de su corazón y testigo íntimo de su amor y de sus penas.
Después de la Resurrección se quedó Juan en Jerusalén como una de las «columnas de la Iglesia» (Gal 2,9 ), y mas tarde se trasladó a Efeso del Asia Menor. Desterrado por Domiciano    ( 81–96) a la isla de Patmos, escribió allí El Apocalipsis. A la muerte del tirano pudo regresar a Efeso, ignorándose la fecha y todo detalle de su muerte. Además de El Apocalipsis y tres Epístolas, compuso a fines del primer siglo El Evangelio que lleva su nombre, que tiene por objeto robustecer la fe en las mesianidad y divinidad de Jesucristo, á la par que sirve para completar los Evangelios anteriores, principalmente desde el punto de vista espiritual, por lo cual ha sido llamado el Evangelista del amor.
Su lenguaje es de lo más alto que nos ha legado la Escritura Sagrada, como se ve en el prólogo, que, por la sublimidad sobrenatural de su asunto –los orígenes eterno del Verbo- , no tiene semejante en toda la literatura humana»






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27 Diciembre 2014 _según San Juan 20,2-8.

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sábado 27 Diciembre 2014




Evangelio según San Juan 20,2-8.


El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Juan
Scot Èrigéne (¿- c.870), monje benedictino, irlandés
Homilía sobre el prólogo de San Juan

“Lo que existía desde el principio..., lo que hemos visto con nuestros ojos...,os lo anunciamos.” (1Jn 1,1-3)
Pedro y Juan corren los dos al sepulcro. El sepulcro de Cristo es la Sagrada Escritura en la que los misterios más oscuros de su divinidad y de su humanidad están guardados, -me atrevo a decir-, por una muralla de rocas. Pero Juan corre más deprisa que Pedro porque el poder de la contemplación purificada penetra los secretos de las obras divinas con una mirada más penetrante y más viva que el poder de la acción que aún tiene necesidad de ser purificada.


Pedro entra, no obstante, el primer en el sepulcro. Juan le sigue. Los dos corren, y los dos entran. Aquí, Pedro es la imagen de la fe, y Juan representa la inteligencia... La fe tiene que entrar la primera en el sepulcro, imagen de la Escritura. La inteligencia entra siguiendo a la fe...


    Pedro que representa también la práctica de las virtudes, ve por la fe y por la acción al Hijo de Dios contenido de una manera inefable y maravillosa en los límites de la carne. Juan, a su vez, que representa la más alta contemplación de la verdad, admira al Verbo de Dios, perfecto en si mismo e infinito en su origen, es decir, en su Padre. Pedro, conducido por la revelación divina mira al mismo tiempo las cosas eternas y las cosas de este mundo, unidas en Cristo. Juan contempla y anuncia la eternidad del Verbo para darlo a conocer a los creyentes.


    Digo pues que Juan es un águila espiritual de altos vuelos y que ve a Dios. Lo llamo el “teólogo”. Domina toda la creación visible e invisible, sobrevuela todas las facultades del intelecto y entra en Dios que le hace participar de su propia vida divina.






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