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lunes 01 Diciembre
2014
Lunes de
la primera semana de Adviento
San Bernardo : "La
tierra entera estará llena de la majestad de Dios"
Evangelio
según San Mateo 8,5-11.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión,
rogándole":
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre
terriblemente".
Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi
casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los
soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y
cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo
hace".
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro
que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a
la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los
Cielos".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de
Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la
Iglesia
Sexto sermón sobre el Adviento
"La
tierra entera estará llena de la majestad de Dios"
Hombre, no pongas obstáculos a tu reconciliación, sacarás de ella un peso mayor
de gloria. Soporta con alegría, no solo con paciencia, las penas de la vida. No
desprecies nada de lo que te puede procurar un día la gloria eterna. Di a ti
mismo: cuando el Señor se habrá acordado de ti y habrá glorificado tu alma,
ésta se acordará de tu cuerpo para tu propio bien. Delante de tu Señor, tu alma
le hablará de tu cuerpo por su colaboración en el bien realizado. Dirás al
Señor: “Se digne mi Señor de recompensar a este cuerpo el bien que me ha hecho:
juntos, no nos hemos ahorrado ninguna pena...”
Entonces, el Dios de los Ejércitos, el Señor todopoderoso, el Rey de la gloria
vendrá del cielo y transformará nuestro cuerpo en un cuerpo glorioso como el
suyo (Flp 3,21) ¡Qué alegría inefable, cuando
el creador del universo que quedó oculto bajo las apariencias de humildad
cuando vino para rescatarnos, aparecerá en toda su gloria, en los aires, ante
todos los hombres, para glorificar nuestro mísero cuerpo! ¿Quién se acordará
entonces de la humildad de su primera venida, cuando lo veremos descender en su
esplendor, precedido por los ángeles que harán levantar nuestros cuerpos del
polvo, al son de la trompeta para presentarlos ante Cristo? (cf 1 Tes
4,16ss)...
Que se alegre, pues, nuestra alma y nuestro cuerpo repose en la esperanza (Sal
16,9) aguardando su transformación en el cuerpo glorioso de Cristo, nuestro
Salvador. “Mi alma tiene sed de ti, Dios mío, mi carne te ansía de noche.” (cf.
Sal 63,1ss) El profeta se refiere en su oración a la primera venida que le iba
a rescatar. Pero se refería aún más ardientemente a la última venida cuando va
a ser glorificado el cuerpo. Entonces, todos nuestros anhelos serán colmados:
la tierra entera se llenará de la majestad de Dios. Que la misericordia de Dios
nos conduzca a esta gloria. “Y la paz de Dios, que supera cualquier
razonamiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos por medio de
Cristo Jesús”(cf Flp 4,7).
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