=============================================================================================================================================================
ENERO 17 2.013
Evangelio según San Marcos 1,40-45.
Entonces se
le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si
quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Homilía pronunciada ante los jóvenes
El gesto afectuoso de Jesús que se acerca a unos leprosos, los
reconforta y los cura, tiene su plena y misteriosa expresión en la Pasión. En
pleno suplicio y desfigurado por el sudor de sangre, por la flagelación, por la
corona de espinas, por la crucifixión, abandonado por el pueblo que ha olvidado
todo los bienes recibidos de él, Jesús en su Pasión se identifica con los
leprosos; llega a ser su imagen y su símbolo, tal como el profeta Isaías había
tenido la intuición contemplando por anticipado el misterio del Siervo del
Señor: “No tenía belleza ni figura, lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado
y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a
sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros... Nosotros lo estimamos
leproso, herido de Dios y humillado” (Is 53,2-4). Pero es precisamente de las
llagas del cuerpo sufriente de Jesús y de la fuerza de su resurrección que
brotan la vida y la esperanza para todos los hombres golpeados por el mal y la
enfermedad.
La Iglesia ha sido siempre fiel en anunciar la palabra de Cristo unida al gesto concreto de misericordia solidaria para con los más pobres, los últimos. A lo largo de los siglos ha habido un crecimiento en la entrega conmovedora y extraordinaria en favor de los que viven golpeados por el peso de las enfermedades humanamente más repugnantes. La historia hace relucir el hecho de que los cristianos han sido siempre los primeros en preocuparse del problema de los leprosos. El ejemplo de Cristo ha sido seguido, ha sido fecundo en gestos de solidaridad, de entrega, de generosidad y de caridad desinteresada.
La Iglesia ha sido siempre fiel en anunciar la palabra de Cristo unida al gesto concreto de misericordia solidaria para con los más pobres, los últimos. A lo largo de los siglos ha habido un crecimiento en la entrega conmovedora y extraordinaria en favor de los que viven golpeados por el peso de las enfermedades humanamente más repugnantes. La historia hace relucir el hecho de que los cristianos han sido siempre los primeros en preocuparse del problema de los leprosos. El ejemplo de Cristo ha sido seguido, ha sido fecundo en gestos de solidaridad, de entrega, de generosidad y de caridad desinteresada.
=================================================================================================================================================================
No hay comentarios:
Publicar un comentario