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Evangelio según San Juan 1,35-42.
Al día
siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a
Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos, al
oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo
seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que
traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Vengan y lo verán", les dijo.
Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las
cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y
siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que
encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías",
que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús.
Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas",
que traducido significa Pedro.
Extraído de la Biblia, Libro del
Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Rupert de Deutz (c 1075-1130), monje benedictino
Homilía sobre San
Juan
«Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando
Jesús pasaba.» Se trata de una postura corporal que traduce algo de la misión de
Juan, de su vehemencia de palabra y de acción. Pero, según el evangelista, se
trata también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre
los profetas. Juan no se contentaba de desempeñar exteriormente su papel de
precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor a quien
había reconocido en el bautismo... Sin duda alguna, Juan tendía hacia el Señor
con todo su ser. Deseaba verlo de nuevo, porque ver a Jesús era la salvación
para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para
quien lo mostraba. Juan se tenía de pie, alerta por el deseo profundo de su
corazón. Se mantenía de pie, esperaba a Cristo todavía disimulado en la sombra
de su humildad...
Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie
como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el precursor, no por él
mismo, sino por el Señor. Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. «Este es el
Cordero de Dios!» Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera
vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el sentido profundo, todo
se manifiesta cargado de significado y misterio. «Jesús pasaba...» Qué significa
sino que Jesús vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que
cambia. El, a quien los hombres no conocían, se da a conocer y amar pasando por
en medio de nosotros. Vino en el seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su
madre al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del sepulcro
se levantó al cielo... Nuestro corazón también, si aprende a desear a Cristo
como Juan, reconocerá a Jesús cuando pase. Si le sigue, llegará como los
discípulos al sitio donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.
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