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ENERO 12 2.013
Evangelio según San Juan 3,22-30.
Después de
esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y
bautizaba.
Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había
mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.
Juan no
había sido encarcelado todavía.
Se originó entonces una discusión entre los
discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
Fueron a buscar a
Juan y le dijeron: "Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del
que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él".
Juan
respondió: "Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo.
Ustedes mismos son testigos de que he dicho: 'Yo no soy el Mesías, pero he
sido enviado delante de él'.
En las bodas, el que se casa es el esposo; pero
el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su
voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.
Es necesario que él crezca y que yo
disminuya.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Agustín
(354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Sermón
sobre el evangelio de Juan, n° 14, 1-3
Juan afirmó lo que vosotros oísteis, cuando le contaron, para
excitar sus celos, que Jesús hacía muchos discípulos. Sus amigos le dicen, como
si el fuera envidioso: " Jesús tiene más discípulos que tu". Pero Juan había
reconocido lo que era; y por eso, mereció estar unido con Cristo, porque no se
atrevió a atribuirse lo que era de Cristo. He aquí lo que dice: "un hombre no
puede atribuirse nada, salvo lo que ha recibido del Cielo "... Él no obtiene la
alegría de sí mismo. El que quiera encontrar la causa de su alegría en sí mismo,
estará siempre triste; pero el que quiera encontrar su alegría en Dios, estará
siempre alegre, porque Dios es eterno. ¿Quieres tener una alegría eterna? Átate
al que es eterno. Esto es lo que hizo Juan.
Es la voz del esposo lo
que alegra al amigo del esposo, y no su propia voz; se mantiene en pie y
escucha... "Esta es mi alegría, y me siento colmado. Tengo mi propia gracia, no
deseo nada más, por miedo a perder lo que he recibido." ¿Cuál es esta alegría?
"Se llena de alegría al oír la voz del esposo." Que los hombres comprendan pues,
que no deben regocijarse de su propia sabiduría, sino de la que han recibido de
Dios. Que no busquen otra cosa, y así no perderán lo que han encontrado... Juan
reconoció que lo había recibido todo; dijo que estaba alegre a causa de la voz
del esposo, y añadió: "mi alegría está colmada".
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