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ENERO 14 2.013
Evangelio según San Marcos 1,14-20.
Después que
Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia
de Dios, diciendo:
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca.
Conviértanse y crean en la Buena Noticia".
Mientras iba por la orilla del
mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el
agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré
pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo
siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su
hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida
los llamó,
y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los
jornaleros, lo siguieron.
Extraído de la Biblia, Libro del
Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Ireneo de Lyon (130-208), obispo, teólogo y mártir
Contra las
herejías, 4 14
El Padre nos recomienda vivir en seguimiento del Verbo, no porque
tuviera necesidad de nuestro servicio sino para procurarnos la salvación.
Porque, seguir al Salvador es tener parte en la salvación, como seguir a la luz
es tener parte en la luz. No son los hombres los que hacen resplandecer la luz
sino que son ellos los iluminados, los que resplandecen por la luz. Los hombres
nada pueden añadir a la luz, sino que la luz los ilumina y los
enriquece.
Lo mismo ocurre con el servicio que rendimos a Dios. Dios
no tiene necesidad de nuestro servicio y nada le añade a su gloria. Pero
aquellos que le sirven y le siguen reciben de Dios la vida, la incorruptibilidad
y la gloria eterna. Si Dios invita a los hombres a vivir en su servicio, es para
poder otorgarnos sus beneficios, ya que él es bueno y misericordioso con todos.
Dios no necesita nada; en cambio el hombre necesita de la comunión con Dios. La
gloria del hombre consiste en perseverar en el servicio de Dios.
Por
esto dijo el Señor a los apóstoles: “No me elegisteis vosotros a mí, fui yo
quien os elegí a vosotros.” (Jn 15,16) Con ello indica que no somos nosotros los
que le glorificamos con nuestro servicio, sino que por haber seguido al Hijo de
Dios, somos glorificados por él... Es de ellos de quien dice Dios por boca de
Isaías: “Desde Oriente traeré a tu estirpe, te reuniré desde Occidente... haz
venir a mis hijos desde lejos, y a mis hijas del extremo de la tierra, a todos
los que llevan mi nombre, a los que creé para mi gloria” (Is 43,6-7).
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