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Evangelio según San Juan 12,24-26.
Les aseguro
que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si
muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no
está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El
que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El
que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
Extraído de la
Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del
Evangelio por :
San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del
Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 302, para la fiesta de San Lorenzo
San Lorenzo era diácono a Roma. Los
perseguidores de la Iglesia le pidieron que entregara los tesoros de la Iglesia.
Por obtenir el auténtico tesoro en el cielo, Lorenzo se expuso a unos tormentos
de crueldad inenarrable. Fue extendido sobre unas parrillas de fuego. Sin
embargo, triunfó de todos los dolores físicos por la fuerza extraordinaria de su
caridad y por los auxilios de Aquel que le sostuvo invencible. “Somos obra de
sus manos, creados en Cristo Jesús, para realizar las buenas obras que Dios nos
señaló de antemano como norma de conducta.” (cf Ef 2,10)
Esto provocó la
cólera de los perseguidores... Lorenzo había dicho: “Mandad venir conmigo gente
con carros para llevaros los tesoros de la Iglesia.” Le dieron unos carruajes y
los cargó de los pobres y se presentó ante los jefes: “Estos son los tesoros de
la Iglesia.”
Nada más verdadero que esto, hermanos míos. En las
necesidades de los pobres se encuentran las grandes riquezas de los cristianos,
si comprendemos bien cómo hacer fructificar lo que poseemos. Los pobres están
siempre entre nosotros. Si les confiamos nuestras riquezas no las perderemos.
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