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Evangelio según San Mateo 16,13-23.
Al llegar a
la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la
gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le
respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros,
Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen
que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el
Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás,
porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré
las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado
en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él
era el Mesías.
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos
que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos
sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al
tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios
no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a
Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo,
porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San León I el
Magno (c.400-461), papa 440-461, doctor de la Iglesia
Sermón para el
aniversario de su ordenación episcopal
Hermanos, cuando se trata de cumplir con
mi deber de obispo, descubro que soy débil y cobarde, cargado con la fragilidad
de mi propia condición, cuando, en realidad, deseo actuar con generosidad y
valentía. Con todo, mi fuerza viene de la intercesión del Sacerdote supremo y
eterno, semejante a nosotros pero igual al Padre, que se ha abajado en su
divinidad al nivel de la humanidad y ha elevado la humanidad al nivel de Dios.
Encuentro un gozo santo y justo en las disposiciones que él ha tomado. En
efecto, si bien ha delegado en numerosos pastores el cuidado de su rebaño, no ha
abandonado el pastoreo de sus amadas ovejas. Gracias a esta vigilancia
fundamental y eterna, he recibido yo a mi vez la protección y el apoyo del
apóstol Pedro que no abandona su función tampoco. Este fundamento sólido sobre
el que se construye todo el edificio de la Iglesia, no dejará que se derrumbe la
fábrica del edifico que descansa sobre él.
No desfallecerá nunca la
firmeza de la fe por la que el primer apóstol fue alabado por el Señor. Del
mismo modo que todo lo que Pedro confesó acerca de Cristo permanecerá,
permanecerá también lo que Cristo prometió a Pedro... La disposición querida por
la verdad de Dios permanece. San Pedro persevera en la firmeza que ha recibido;
no ha abandonado el gobierno de la Iglesia a él confiada. Así, hermanos míos, lo
que Pedro obtuvo por su profesión de fe, inspirado por Dios Padre, es la firmeza
de una roca que ningún poder podrá jamás hacer perecer. En la Iglesia entera,
Pedro dice cada día: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. (Mt 16,16)
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