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Evangelio según San Mateo 15,21-28.
Jesús partió
de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea,
que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad
de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".
Pero él no le
respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela,
porque nos persigue con sus gritos".
Jesús respondió: "Yo he sido enviado
solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a
postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".
Jesús le dijo: "No está
bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella
respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la
mesa de sus dueños!".
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe!
¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Jean Tauler
(c.1300-1361), dominico de Estrasburgo
Sermón 9
“Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David!”
(Mt 15,22) Es un grito, una llamada de una fuerza inmensa... Es un gemido que
viene como de un abismo sin fondo. Supera en mucho la naturaleza, es el Espíritu
Santo mismo que profiere en nosotros este gemido (Rm 8,26)... Pero Jesús dice:
“Dios me ha enviado sóo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.” (Mt 15,24)
y “No está bien tomar e pan de los hijos para echárselo a los perrillos.” (Mt
15,26)... No podía poner a prueba a la mujer con más fuerza, ni ahuyentarla con
más vehemencia.
Ahora bien ¿qué hizo la mujer rechazada de esta manera?
Se dejó decir y se humilló ella misma hasta lo más hondo. Llegó hasta el extremo
de la humildad, del abismo. Con todo, mantuvo la confianza y dijo: “Esto es
cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa
de sus amos.” (Mt 15,27)
¡Oh, si vosotros también supierais penetrar
realmente hasta el fondo de la verdad, no por comentarios muy sabios ni por
palabras muy altisonantes, ni con los sentidos, sino yendo al fondo de vosotros
mismos! Ni Dios, ni otra criatura alguna podría anihilaros si permanecéis en la
verdad, en la confianza humilde. Podríais padecer afrentas, menosprecios y
burlas, resistiríais en la perseverancia, os humillaríais más todavía, animados
por una confianza ilimitada, y aumentaría más y más vuestro celo. Todo depende
de esta actitud y el que llega aquí ha vencido. Sólo estos caminos llevan de
verdad, sin obstáculo alguno, hasta Dios. Pero, permanecer así en esta gran
humildad, con perseverancia, con una seguridad entera y verdadera, como esta
mujer pobre, no es de muchos.
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