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Evangelio según San Mateo 14,13-21.
Al enterarse
de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas.
Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando
desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a
los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este
es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a
las ciudades a comprarse alimentos".
Pero Jesús les dijo: "No es necesario
que se vayan, denles de comer ustedes mismos".
Ellos respondieron: "Aquí no
tenemos más que cinco panes y dos pescados".
"Tráiganmelos aquí", les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los
cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron
entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que
sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil
hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Extraído de la
Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del
Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, 3-5
Del misterio pascual nace la Iglesia.
Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del
misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial... En la celebración
eucarística, los ojos del alma se dirigen al Triduo pascual: a lo que ocurrió la
tarde del Jueves Santo, durante la Última Cena y después de ella...La agonía de
Getsemaní es la introducción a la agonía sobre la Cruz del Viernes santo. La
hora santa, la hora de la redención del mundo...hora de la glorificación. Todo
sacerdote que celebra la Misa revive en espíritu, al mismo tiempo que la
comunidad cristiana que participa, en el mismo lugar y en la misma hora...
« Mysterium fidei! – ¡Misterio de la fe! ». Cuando el sacerdote
pronuncia o canta estas palabras, los presentes aclaman: « Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús! ». Con éstas o parecidas
palabras, la Iglesia, a la vez que se refiere a Cristo en el misterio de su
Pasión, revela también su propio misterio: Ecclesia de Eucharistia. Si con el
don del Espíritu Santo en Pentecostés la Iglesia nace y se encamina por las vías
del mundo, un momento decisivo de su formación es ciertamente la institución de
la Eucaristía en el Cenáculo. Su fundamento y su hontanar es todo el Triduum
paschale, pero éste está como incluido, anticipado, y «concentrado» para siempre
en el don eucarístico. En este don, Jesucristo entregaba a la Iglesia la
actualización perenne del misterio pascual. Con él instituyó una misteriosa
«contemporaneidad» entre aquel Triduum y el transcurrir de todos los siglos.
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