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Evangelio según San Mateo 13,54-58.
Y, al llegar
a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que
todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese
poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es
la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá
todo esto?".
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les
dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".
Y
no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Benedicto XVI,
papa de 2005 a 2013
Encíclica « Spe Salvi », 47
Algunos teólogos recientes piensan
que el fuego que quema y al mismo tiempo salva es el mismo Cristo, el Juez y
Salvador. El encuentro con él es el acto decisivo del juicio. Ante su mirada se
desvanece toda falsedad. Es el encuentro con él que, quemándonos, nos transforma
y nos libera para hacer que lleguemos a ser verdaderamente nosotros mismos. Las
cosas construidas durante la vida pueden revelarse entonces como paja seca,
vanagloria vacía y derruirse. Pero en el sufrimiento que produce este encuentro
en el que lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta del todo evidente,
se encuentra la salvación. La mirada de Cristo, los latidos de su corazón nos
curan gracias a una transformación, ciertamente dolorosa, como «a través de
fuego». Sin embargo es un sufrimiento dichoso en el que, el santo poder de su
amor nos penetra como una llama permitiéndonos, al fin, ser totalmente nosotros
mismos, y por ello, totalmente de Dios.
Así se vuelve del todo
evidente la compenetración entre la justicia y la gracia: nuestra manera de
vivir no es irrelevante, pero nuestra suciedad no nos embrutece eternamente si,
por lo menos, permanecemos orientados hacia Cristo, hacia la verdad, hacia el
amor. A fin de cuentas, esta suciedad ha sido ya quemada en la Pasión de Cristo.
En el momento del juicio experimentamos y acogemos este dominio de su amor sobre
todo mal en el mundo y en nosotros. El sufrimiento del amor se convierte en
nuestra salvación y nuestro gozo.
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