Miércoles 12 Febrero 2014
Miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Marcos 7,14-23.
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo:
"Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo;
lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!".
Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus
discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola.
El les dijo: "¿Ni siquiera ustedes son capaces de
comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede
mancharlo,
porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se
elimina en lugares retirados?". Así Jesús declaraba que eran puros todos
los alimentos.
Luego agregó: "Lo que sale del hombre es lo que lo hace
impuro.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde
provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las
deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que
manchan al hombre".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos Espirituales, 04/03/1938
“Señor, crea en mi un corazón puro” (Sal. 50,12)
Que vengan los sabios preguntando dónde está Dios. Dios está
donde el sabio con la ciencia soberbia no puede llegar... Dios está en el
corazón desprendido…, en el silencio de la oración, en el sacrificio voluntario
al dolor, en el vacío del mundo y sus criaturas...
Dios está en la Cruz, y mientras no amemos la Cruz, no le
veremos, no le sentiremos...
Callen los hombres, que no hacen más que meter ruido.
¡Ah!, Señor, qué feliz soy en mi retiro... Cuánto te amo en mi
soledad... Cuánto quisiera ofrecerte que no tengo, pues ya te lo he dado
todo... Pídeme, Señor..., mas ¿qué he de darte?
¿Mi cuerpo?, ya lo tienes; es tuyo. ¿Mi alma?... Señor, ¿en
quién suspira sino en Ti, para que de una vez la acabes de tomar? ¿Mí corazón?
está a los pies de María, llorando de amor..., sin ya nada querer, más que a
Ti.
¿Mi voluntad? ¿Acaso, Señor, deseo lo que Tú no deseas?
Dímelo... dime, Señor, cuál es tu voluntad, y pondré la mía a tu lado... Amo
todo lo que Tú me envíes y me mandes, tanto salud como enfermedad, tanto estar
aquí como allí, tanto ser una cosa como otra.
¿Mi vida? tómala, Señor Dios mío, cuando Tú quieras.
¡Cómo no ser feliz así!
Si el mundo y los hombres supieran. Pero no sabrán; están muy
ocupados en sus intereses; tienen el corazón muy lleno de cosas que no son
Dios.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
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