oooooooooooooooooooooo
Miércoles 26 Febrero 2014
Miércoles de la séptima semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Marcos 9,38-40.
Juan le dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que
expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los
nuestros".
Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie
puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.
Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Audiencia general del 12/06/2013 (trad. © copyright Libreria
Editrice Vaticana)
¿Acaso es de los nuestros?
Hoy desearía detenerme brevemente en otro de los términos con
los que el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia: “Pueblo de Dios” (cf.
const. dogm. Lumen gentium, 9; Catecismo de la Iglesia católica, 782).
¿Qué quiere decir ser “Pueblo de Dios”? Ante todo quiere decir
que Dios no pertenece en modo propio a pueblo alguno; porque es Él quien nos
llama, nos convoca, nos invita a formar parte de su pueblo, y esta invitación
está dirigida a todos, sin distinción, porque la misericordia de Dios “quiere
que todos se salven” (1 Tm 2, 4).
A los Apóstoles y a nosotros Jesús no nos dice que formemos un
grupo exclusivo, un grupo de élite. Jesús dice: id y haced discípulos a todos
los pueblos (cf. Mt 28, 19). San Pablo afirma que en el pueblo de Dios, en la
Iglesia, “no hay judío y griego... porque todos vosotros sois uno en Cristo
Jesús” (Gal 3, 28). Desearía decir también a quien se siente lejano de Dios y
de la Iglesia, a quien es temeroso o indiferente, a quien piensa que ya no
puede cambiar: el Señor te llama también a ti a formar parte de su pueblo y lo
hace con gran respeto y amor. Él nos invita a formar parte de este pueblo,
pueblo de Dios.
¿Cómo se llega a ser miembros de este pueblo? No es a través
del nacimiento físico, sino de un nuevo nacimiento. En el Evangelio, Jesús dice
a Nicodemo que es necesario nacer de lo alto, del agua y del Espíritu para
entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3, 3-5). Somos introducidos en este pueblo a
través del Bautismo, a través de la fe en Cristo, don de Dios que se debe
alimentar y hacer crecer en toda nuestra vida. Preguntémonos: ¿cómo hago crecer
la fe que recibí en mi Bautismo? ¿Cómo hago crecer esta fe que yo recibí y que
el pueblo de Dios posee?
oooooooooooooooooooooo
No hay comentarios:
Publicar un comentario