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Jueves 20 Febrero 2014
Jueves de la sexta semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Marcos 8,27-33.
Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea
de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy
yo?".
Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas".
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro
respondió: "Tú eres el Mesías".
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de
él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir
mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas;
que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo
aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo
reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus
pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos Espirituales 07/04/1938
"Por primera vez, les enseñó que hacía falta que el Hijo
del hombre sufriera mucho"
Bendito Jesús, ¿qué me enseñarán los hombres, que no enseñes
Tú desde la Cruz? Ayer vi claramente que solamente acudiendo a Ti se aprende;
que sólo Tú das fuerzas en las pruebas y tentaciones y que solamente a los pies
de tu Cruz, viéndote clavado en ella, se aprende a perdonar, se aprende
humildad, caridad y mansedumbre. No me olvides, Señor..., mírame postrado a tus
pies y accede a lo que te pido. Vengan luego desprecios, vengan humillaciones,
vengan azotes de parte de las criaturas...,¡qué me importa! Contigo a mi lado
lo puedo todo... La portentosa, la admirable, la inenarrable lección que Tú me
enseñas desde tu Cruz, me da fuerzas para todo.
A Ti te escupieron, te insultaron, te azotaron, te clavaron en
un madero, y siendo Dios, perdonabas humilde, callabas y aún te ofrecías...
¡Qué podré decir yo de tu Pasión!... Más vale que nada diga y que allá adentro
de mi corazón medite en esas cosas que el hombre no puede llegar jamás a
comprender. Conténteme con amar profundamente, apasionadamente el misterio de
tu Pasión… ¡Qué dulce es la Cruz de Jesús! ¡Qué dulce es sufrir perdonando!
¡Cómo no volverme loco!... Me enseña su Corazón abierto a los hombres, y
despreciado... ¡Dónde se ha visto ni quién ha soñado dolor semejante! ¡Qué bien
se vive en el Corazón de Cristo!
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