Miércoles 05 Febrero 2014
Miércoles de la cuarta semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus
discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la
multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto?
¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se
realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de
Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre
nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en
su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos
pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las
poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Exhortación apostólica “Redemptoris custos”, 22,23, 24 (trad.
© copyright Libreria Editrice Vaticana)
“¿No es el hijo del carpintero?”
Expresión cotidiana de este amor en la vida de la Familia de
Nazaret es el trabajo… El que era llamado el “hijo del carpintero” había
aprendido el trabajo de su “padre” putativo. Si la Familia de Nazaret en el
orden de la salvación y de la santidad es ejemplo y modelo para las familias
humanas, lo es también análogamente el trabajo de Jesús al lado de José, el
carpintero… El trabajo humano y, en particular, el trabajo manual tienen en el
Evangelio un significado especial. Junto con la humanidad del Hijo de Dios, el
trabajo ha formado parte del misterio de la encarnación, y también ha sido
redimido de modo particular. Gracias a su banco de trabajo sobre el que ejercía
su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la
redención.
En el crecimiento humano de Jesús “en sabiduría, edad y
gracia” representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser “el
trabajo un bien del hombre” que “transforma la naturaleza” y que hace al hombre
“en cierto sentido más hombre”.
La importancia del trabajo en la vida del hombre requiere que
se conozcan y asimilen aquellos contenidos “que ayuden a todos los hombres a
acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes
salvíficos respecto al hombre y al mundo y a profundizar en sus vidas la
amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su
triple misión de sacerdote, profeta y rey”. Se trata, en definitiva, de la
santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio
estado.
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