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domingo 09 Febrero 2014
Quinto domingo del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Mateo 5,13-16.
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su
sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser
tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón,
sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están
en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay
en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que
está en el cielo.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Josémaria Escriva de Balaguer (1902-1975), sacerdote,
fundador
Homilía del 04/05/1957 en Es Cristo que pasa cap. 14 § 147
“Vosotros sois sal de la tierra… Vosotros sois luz del mundo”
Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el
Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la
tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas,
de una manera o de otra, todos los cristianos. Diré más. Hemos de sentir la
ilusión de no permanecer solos, debemos animar a otros a que contribuyan a esa
misión divina de llevar el gozo y la paz a los corazones de los hombres. En la
medida en que progresáis, atraed a los demás con vosotros, escribe San Gregorio
Magno; desead tener compañeros en el camino hacia el Señor.
Pero tened presente que, cum dormirent homines, mientras
dormían los hombres, vino el sembrador de la cizaña, dice el Señor en una
parábola. Los hombres estamos expuestos a dejarnos llevar del sueño del
egoísmo, de la superficialidad, desperdigando el corazón en mil experiencias
pasajeras, evitando profundizar en el verdadero sentido de las realidades
terrenas. ¡Mala cosa ese sueño, que sofoca la dignidad del hombre y le hace
esclavo de la tristeza!
Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en
ese mal sueño: recordarles que la vida no es cosa de juego, sino tesoro divino,
que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a
quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a
la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol,
sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que
también ellos den a conocer a Jesucristo.
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