Lunes 12 Mayo 2014
Lunes de la cuarta semana de Pascua
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Juan 10,11-18.
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las
ovejas.
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no
pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo
las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me
conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi
vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las
que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un
solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el
poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi
Padre".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Homilía del 16/10/2003, en el 25 aniversario de su pontificado
(trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
El buen pastor
"El buen pastor
da su vida por sus ovejas" (Jn 10,11) Cuando Jesús pronunció estas
palabras, los apóstoles no sabían que hablaba de él mismo. Incluso Juan, el
apóstol amado, tampoco lo sabía. Lo ha comprendido en el Calvario, al pie de la
cruz, viendo como ofrecía su vida por sus ovejas. Cuando llegó el momento, para
él y para los demás apóstoles, de asumir esta misma misión, es cuando se
acordaron de las palabras de Jesús. Se dieron cuenta de que serían capaces de
llevar a cabo esta misión hasta el final, solamente porque Jesús había
asegurado que sería él mismo quien actuaría en ellos. Particularmente, Pedro,
era consciente de ello, él "el testigo de la Pasión de Cristo" (1P
5,1), que exhortaba a los ancianos de la Iglesia con estas palabras: "Sed
los pastores del rebaño de Dios que os ha sido confiado" (1P 5,2).
A lo largo de los
siglos, los sucesores de los apóstoles, guiados por el Espíritu Santo han continuado su misión de
reunir el rebaño de Cristo y conducirlo hacia el Reino de los Cielos,
conscientes de que ellos mismos no pueden asumir una responsabilidad tal, mas
que "por Cristo, con Cristo y en Cristo".
Yo mismo he tomado
conciencia de ello cuando el Señor me ha llamado a ejercer la misión de Pedro
en esta ciudad muy amada de Roma y al servicio del mundo entero. Desde el
principio de mi pontificado, mis pensamientos, mis oraciones y mis acciones
todas han estado animadas por un único deseo: dar testimonio de que Cristo, el
Buen Pastor, está presente y actuante en la Iglesia. Él va continuamente
buscando a la oveja perdida, la lleva al redil, cura sus heridas; pone toda su
atención en la oveja débil y enferma, y protege a la robusta (Ez 34,16). Es por
eso que, desde el primer día, no he dejado de exhortar: "¡No tengáis miedo
de acoger a Cristo, de aceptar su poder!" Y yo lo repito aún hoy con
fuerza: "¡Abrid, abrid todas las puertas a Cristo! ¡Dejaos guiar por él!
¡Tened confianza en su amor!"
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