Viernes 09 Mayo 2014
Viernes de la tercera semana de Pascua
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Juan 6,52-59.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este
hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la
carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo
lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la
verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en
él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida,
vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus
padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Catequesis de la Iglesia de Jerusalén a los nuevos bautizados
(siglo IV)
N° 4; SC 126
“Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”
"Tomad, comed: esto es mi cuerpo… Tomad, bebed: esta es
mi sangre" (Mt 26,26s). Cuando Cristo mismo declaró, respecto al pan:
"esto es mi cuerpo", ¿quién se atreverá a vacilar? Y cuando él mismo
categóricamente afirma: "esta es mi sangre", ¿quién dudará de
esto?... Por tanto, participamos del cuerpo y la sangre de Cristo con una
certeza plena. Porque, bajo el aspecto del pan, está el cuerpo que te es dado;
bajo el aspecto del vino, está la sangre que te es dada, con el fin de que
participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo te hagas un solo cuerpo y
una sola sangre con Cristo… De este modo, según san Pedro, nos hacemos "
partícipes de la naturaleza divina " (2P 1,4).
En otro momento Cristo, hablando con los judíos, decía: "
si no coméis mi carne, y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en
vosotros". Pero ellos, como no comprendían sus palabras espiritualmente,
se marcharon escandalizados… Existían también, en la antigua Alianza, los panes
de la ofrenda; pero aquí no hay razón para ofrecer estos panes de la antigua
Alianza. En la Alianza nueva, hay un "pan venido del cielo" y una
"copa de la salvación" (Jn 6,41; Sal. 115,4). Porque, como el pan es
bueno para el cuerpo, el Verbo concuerda bien con el alma.
El santo David, también, te explica el poder de la eucaristía
cuando dice: "Ante mí preparaste una mesa, enfrente de mis
adversarios" (Sal. 22,5)… ¿De qué quiere hablar si no de la mesa
misteriosa y mística que Dios nos preparó contra el enemigo, los demonios?...
"Y tu copa me embriaga como la mejor" (v. 5 LXX). Aquí habla de la
copa que Jesús tomó en sus manos cuando dio gracias y dijo: "esta es mi
sangre, sangre entregada por una multitud en remisión de los pecados" (Mt
26,28)… David cantaba también con respecto a esto: "el pan fortifica el
corazón del hombre, y el aceite da brillo a su rostro" (Sal. 103,15).
Fortifica tu corazón tomando este pan como un alimento espiritual, y alegra el
rostro de tu alma.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
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