Viernes 02 Mayo 2014
Vienres de la segunda semana de Pascua
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Papa Francisco: "Partiendo los panes, se los dio a los
discípulos, que los repartieron entre la muchedumbre" (Mt 14,19)
Evangelio según San Juan 6,1-15.
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.
Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía
curando a los enfermos.
Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a
él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?".
El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que
iba a hacer.
Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían
para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan".
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le
dijo:
"Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos
pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?".
Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho
pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que
estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que
quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus
discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda
nada".
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que
sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía:
"Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo".
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey,
se retiró otra vez solo a la montaña.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” §46-49 (trad. ©
copyright Libreria Editrice Vaticana)
"Partiendo los panes, se los dio a los discípulos, que
los repartieron entre la muchedumbre" (Mt 14,19)
La Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas
abiertas… La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre… Todos
pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar
la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por
una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento
que es “la puerta”, el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud
de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso
remedio y un alimento para los débiles… Pero la Iglesia no es una aduana, es la
casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.
Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe
llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando
uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a
los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que
suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que “no tienen con qué
recompensarte” (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que
debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, “los pobres son los
destinatarios privilegiados del Evangelio” (Benedicto XVI)… Hay que decir sin
vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca
los dejemos solos.
Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo… Si
algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos
hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con
Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de
sentido y de vida… mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos
repite sin cansarse: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37).
oooooooooooooooooooooo
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