Sábado 03 Mayo 2014
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Papa Francisco: Santos Felipe y Santiago, apóstoles enviados a
proclamar al mundo entero el Reino de Dios
Evangelio según San Juan 14,6-14.
Jesús dijo a Tomás: "Yo soy el Camino, la Verdad y la
Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde
ahora lo conocen y lo han visto".
Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos
basta".
Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy
con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre.
¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?
Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las
obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo,
al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que
yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.
Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el
Padre sea glorificado en el Hijo.
Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré."
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” §180-181 (trad. ©
copyright Libreria Editrice Vaticana)
Santos Felipe y Santiago, apóstoles enviados a proclamar al
mundo entero el Reino de Dios
Leyendo las Escrituras queda por demás claro que la propuesta
del Evangelio no es sólo la de una relación personal con Dios… La propuesta es
el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo.
En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito
de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el
anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias
sociales. Buscamos su Reino: “Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia,
y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6,33). El proyecto de Jesús es
instaurar el Reino de su Padre; Él pide a sus discípulos: “¡Proclamad que está
llegando el Reino de los cielos!” (Mt 10,7).
El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y
nos recuerda aquel principio de discernimiento que Pablo VI proponía con
relación al verdadero desarrollo: “Todos los hombres y todo el hombre”. Sabemos
que “la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la
interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el
Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre”. Se trata del
criterio de universalidad, propio de la dinámica del Evangelio, ya que el Padre
desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación consiste en
“recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo
jefe, que es Cristo” (Ef 1,10). El mandato es: “Id por todo el mundo, anunciad
la Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16,15), porque “toda la creación
espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios” (Rm 8,19). Toda la
creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana, de manera
que “la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una
destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la
existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos
los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño”.
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