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Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió
de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el
sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba
asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha
sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es
acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y
de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos
un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado
solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí
ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los
alrededores, enseñando a la gente.
Extraído de la Biblia, Libro
del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Carta a Diogneto (c 200)
§ 11-12 ; PG 2, 1183, SC 33
El Padre ha enviado al Verbo para manifestarle al mundo. Este
Verbo fue despreciado por los suyos; pero por la predicación de los apóstoles
las naciones paganas creyeron en él, El existía desde el principio (Jn 1,1), y
se ha manifestado en una época concreta. Aunque sea antiguo, renace siempre
nuevo en el corazón de los santos. Es proclamado Hijo en un eterno hoy (Sal.
2,7)
Por él, la Iglesia se enriquece de una gracia que se abre y
se acrecienta en los santos, les confiere la inteligencia espiritual, les
desvela los misterios sagrados y les hace comprender los signos de los tiempos.
La Iglesia se regocija en los creyentes: se ofrece a los que la buscan
respetando los compromisos de la fe y los jalones puestos por los Padres. Desde
ahora el temor de la Ley sugiere cantos de alabanza, se reconoce la gracia
anunciada por los profetas, la fe evangélica es afianzada, la tradición de los
apóstoles permanece intacta y la gracia de la iglesia salta de
júbilo.
Sí tú no dañas esta gracia, conocerás los secretos que el
Verbo comunica a quien quiere y cuando él quiere... Si con empeño las atendéis y
escucháis, sabréis qué bienes procura Dios a quienes lealmente le aman, cómo se
convierten en un paraíso de deleites, produciendo en sí mismos un árbol fértil y
frondoso, adornados de toda variedad de frutos. Porque en este lugar fue
plantado el árbol de la ciencia y el árbol de la vida; (Gn
2,9)...
Que tu corazón pues sea entero conocimiento, y que el Verbo
de la verdad se haga tu vida. Si este árbol crece en ti y si deseas
ardientemente su fruta, cosecharás siempre los mejores dones de Dios.
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