===================================================================================
Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Tengan
cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por
ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el
cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de
ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser
honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les
gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser
vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando
ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes
ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su
rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su
recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu
rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre
que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Benedicto
XVI
Audiencia general del 17/02/2010 (trad. © copyright Libreria Editrice
Vaticana)
“Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de
salvación" (2 Co 6, 1-2). De hecho, en la visión cristiana de la vida habría que
decir que cada momento es favorable y cada día es día de salvación, pero la
liturgia de la Iglesia refiere estas palabras de un modo totalmente especial al
tiempo de Cuaresma. Que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo
favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el
austero rito de la imposición de la ceniza nos...: "Convertíos y creed en el
Evangelio"
En efecto, la llamada a la conversión revela y
denuncia la fácil superficialidad que con frecuencia caracteriza nuestra vida.
Convertirse significa cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no con
un pequeño ajuste, sino con un verdadero cambio de sentido. Conversión es ir
contracorriente, donde la "corriente" es el estilo de vida superficial,
incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos
del mal, o en cualquier caso prisioneros de la mediocridad
moral.
Con la conversión, en cambio, aspiramos a la medida alta
de la vida cristiana, nos adherimos al Evangelio vivo y personal, que es
Jesucristo. La meta final y el sentido profundo de la conversión es su persona,
él es la senda por la que todos están llamados a caminar en la vida, dejándose
iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos. De este
modo la conversión manifiesta su rostro más espléndido y fascinante: no es una
simple decisión moral, que rectifica nuestra conducta de vida, sino una elección
de fe, que nos implica totalmente en la comunión íntima con la persona viva y
concreta de Jesús.
La conversión es el "sí" total de quien
entrega su existencia al Evangelio, respondiendo libremente a Cristo, que antes
se ha ofrecido al hombre como camino, verdad y vida, como el único que lo libera
y lo salva. Este es precisamente el sentido de las primeras palabras con las
que, según el evangelista san Marcos, Jesús inicia la predicación del "Evangelio
de Dios": "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y
creed en el Evangelio" (Mc 1, 15).
===================================================================================
No hay comentarios:
Publicar un comentario