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Evangelio según San Lucas 5,1-11.
En una
oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la
Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde
allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y
estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de
Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y
enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a
Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió:
"Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo
dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces,
que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los
compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y
llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro
se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un
pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por
la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y
a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No
temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las
barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
Extraído
de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del
Evangelio por :
Beato John Henry Newman (1801-1890), teólogo, fundador
del Oratorio en Inglaterra
Sermón: “La providencia de Dios en el pensamiento
y en la vida” PPS vol. 3, n°9
Dios te mira, quien quiera que fueras. Dios te llama por tu
nombre. Te ve y te comprende, él que te hizo. Todo lo que hay en ti le es
conocido; todos tus sentimientos y tus pensamientos, tus inclinaciones, tus
gustos, tu fuerza y tu debilidad. Te ve en los días de alegría y en los tiempos
de pena. Se interesa por todas tus angustias y tus recuerdos, todos tus ímpetus
y los desánimos de tu espíritu. Dios te abraza y te sostiene; te levanta o te
deja descansar en el suelo. Contempla tu rostro cuando lloras y cuando ríes, en
la salud y en la enfermedad. Mira tus manos y tus pies, escucha tu voz, el
latido de tu corazón y hasta tu aliento...
Eres un ser humano
rescatado y santificado, su hijo adoptivo; te hizo el don de una parte de la
gloria y la bendición que emanan eternamente del Padre sobre el Hijo único. Has
sido escogido para ser suyo... ¿Qué es el hombre, que somos, que soy, para que
el Hijo de Dios tuviera por mí una preocupación tan grande? ¿Quién soy para que
me... ascendiera a la naturaleza de un ángel, transformando la sustancia
original de mi alma, me hubiera rehecho - yo que soy un pecador desde mi
juventud - y para que hiciera de mi corazón su morada, de mí su templo?
(Referencias bíblicas: Jn 10,3; Mt 10,30; Sal. 8,5; cf Gn 8,21, Sal.
50,7; 1Co 3,16)
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...leito.....felicidades
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