===================================================
Evangelio según San Lucas 4,1-13.
Jesús, lleno
del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el
Espíritu al desierto,
donde fue tentado por el demonio durante cuarenta
días.
No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.
El
demonio le dijo entonces:
"Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se
convierta en pan".
Pero Jesús le respondió:
"Dice la Escritura: El hombre no
vive solamente de pan".
Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le
mostró en un instante todos los reinos de la tierra
y le dijo:
"Te daré todo
este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo
los doy a quien quiero.
Si tú te postras delante de mí, todo eso te
pertenecerá".
Pero Jesús le respondió:
"Está escrito: Adorarás al Señor, tu
Dios, y a él solo rendirás culto".
Después el demonio lo condujo a
Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo:
"Si tú eres Hijo
de Dios, tírate de aquí abajo,
porque está escrito: El dará órdenes a sus
ángeles para que ellos te cuiden.
Y también: Ellos te llevarán en sus manos
para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Pero Jesús le respondió:
"Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
Una vez agotadas todas las
formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Rafael Arnáiz
Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos Espirituales, 15/12/1936
Yo también alguna vez allá en el mundo, corría por las
carreteras de España, ilusionado de poner el marcador del automóvil a 120 km por
hora... ¡Qué estupidez! Cuando me di cuenta de que el horizonte se me acababa,
sufrí la decepción del que goza la libertad de la tierra... pues la tierra es
pequeña y, además, se acaba con rapidez. Horizontes pequeños y limitados rodean
al hombre, y para el que tiene un alma sedienta de horizontes infinitos... los
de la tierra no le bastan... le ahogan. No hay mundo bastante para él, y sólo
encuentra lo que busca en la grandeza e inmensidad de Dios. ¡Hombres libres que
recorréis el planeta! No os envidio vuestra vida sobre el mundo. Encerrado en
un convento, y a los pies de un crucifijo, tengo libertad infinita, tengo un
cielo..., tengo a Dios. ¡Qué suerte tan grande es tener un corazón enamorado de
El!...
¡Pobre hermano Rafael!... Sigue esperando... sigue
esperando con esa dulce serenidad que da la esperanza cierta. Sigue quieto,
clavado, prisionero de tu Dios, a los pies de su Sagrario. Escucha el lejano
alboroto que hacen los hombres al gozar breves días su libertad por el mundo.
Escucha de lejos sus voces, sus risas, sus llantos, sus guerras... Escucha y
medita un momento. Medita en un Dios infinito... en el Dios que hizo la tierra y
los hombres, el dueño absoluto de cielos y tierras, de ríos y mares; el que en
un instante, con sólo quererlo, con sólo pensarlo, creó de la nada todo cuanto
existe.
Medita un momento en la vida de Cristo y verás que en
ella no hay libertades, ni ruido, ni voces... Verás al Hijo de Dios, sometido al
hombre. Verás a Jesús obediente, sumiso, y que con serena paz, sólo tiene por
ley de su vida cumplir la voluntad de su Padre. Y, por último, contempla a
Cristo clavado en Cruz... ¡Á qué hablar de libertades!
===================================================
No hay comentarios:
Publicar un comentario