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Evangelio según San Lucas 5,27-32.
Después Jesús
salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de
recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme".
El, dejándolo todo, se
levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había
numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los
fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: "¿Por qué
ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?".
Pero Jesús tomó la
palabra y les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino
los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores,
para que se conviertan".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo
de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San
Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos
espirituales, 15/12/1936
Por encima del Monasterio pasan volando algunos días, aviones que
surcan el cielo con velocidades prodigiosas. El ruido de sus motores atemoriza a
los pajarillos que anidan en los cipreses de nuestro cementerio. Enfrente del
convento y atravesando la finca, existe una alquitranada carretera por la que
circulan a todas horas camiones y coches de turismo, para los cuales la vista
del monasterio no ofrece ningún interés. También atraviesa los campos de la
Trapa, una de las principales vías férreas de España... Todo eso, dicen que es
libertad... Más el hombre que medite un poco, verá cuán engañado está el mundo
en medio de eso que él llama libertad...
¿Dónde está pues la
libertad? Está en el corazón del hombre que no ama más que a Dios. Está en el
hombre cuya alma, ni está apegada al espíritu ni a la materia, sino sólo a Dios.
Está en esa alma, que no se supedita al “yo” egoísta, en esa alma que vuela por
encima de sus propios pensamientos, de sus propios sentimientos, de su propio
sufrir y gozar. La libertad está en esa alma cuya única razón de existir es
Dios, cuya vida es Dios y nada más que Dios. El espíritu humano es pequeño, es
reducido, está sujeto a mil variaciones, altas y bajas, depresiones,
decepciones, etc... y el cuerpo... ¡con tanta flaqueza!
La libertad
está, pues, en Dios y el alma que de verás saltando por encima de todo, asiente
en Él su vida, se puede decir que goza de libertad dentro de lo que cabe, para
el que aún está en el mundo.
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