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Lunes 24 Marzo 2014
Lunes de la tercera semana de Cuaresma
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Lucas 4,24-30.
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la
sinagoga:
"Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de
Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el
hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda
de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se
enfurecieron
Y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un
lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención
de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Guillermo de San Teodorico (c.1085-1148), monje benedictino y
después cisterciense
La Contemplación de Dios, 12; SC 61 bis
“Había muchas viudas en Israel.”
Señor, mi alma está desnuda y aterida; desea calentarse con el
calor de tu amor... En la inmensidad del desierto de mi corazón, no puedo
recoger ni unas pocas ramas, sino solamente estas briznas, para prepararme algo
para comer con el puñado de harina y la orza de aceite, y luego, entrando en mi
aposento, me moriré. (cf 1R 17,10ss) O mejor dicho: no moriré en seguida, no
Señor, “no moriré, viviré para contar las proezas del Señor”(Sal 117,17).
Permanezco en mi soledad...y abro la boca hacia ti, Señor,
buscando aliento. Y alguna vez, Señor... tú me metes alguna cosa en la boca del
corazón; pero no permites que sepa qué es lo que metes. Ciertamente, saboreo
algo muy dulce, tan suave y reconfortante que ya no busco nada más. Pero cuando
lo recibo no me permites que conozca lo que me das... Cuando recibo tu don, lo
quiero retener y rumiar, saborear, pero al instante desaparece...
Por experiencia sé lo que tú dices del Espíritu en el
evangelio: “...no sabes ni de dónde viene y ni a dónde va” (Jn 3,8). En efecto,
todo lo que he confiado con atención a mi memoria para poderlo recordar según
mi voluntad y saborearlo de nuevo, lo encuentro muerto e insípido dentro de mí.
Oigo la palabra: “El Espíritu sopla donde quiere” y descubro que dentro de mí
sopla no cuando yo quiero sino cuando Él lo quiere...
“A ti levanto mis ojos, Señor” (Sal 122,1)... ¿Cuánto tiempo
esperarás? ¿Cuánto tiempo mi alma dará vueltas cerca de ti, miserable, ansiosa,
agotada? (cf Sal 12,2). Escóndeme, Señor, en el secreto de tu rostro, lejos de
las intrigas humanas, protégeme en tu tienda, lejos de las lenguas pendencieras
(cf Sal 30,21).
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