Sábado 29 Marzo 2014
Sábado de la tercera semana de Cuaresma
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban
a los demás, dijo también esta parábola:
"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era
fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias
porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros;
ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis
entradas'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se
animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho,
diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero
no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla
será ensalzado".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo
Sermón 48, para el domingo 11 después de la Trinidad
“Señor, ten piedad de este pecador”
Queridas hermanas, sabedlo, en verdad, si yo encontrara a un
hombre que realmente tuviera los sentimientos del publicano, que verdaderamente
se tenga por pecador, con tal que en este sentimiento de humildad tuviera el
deseo de ser bueno, le daría con buena conciencia cada dos días el cuerpo de
nuestro Señor … Si el hombre quiere continuar absteniéndose de caídas y faltas
graves, es muy necesario que sea alimentado de este alimento noble y fuerte …
Por eso vosotras no debéis fácilmente absteneros de la comunión porque os
sepáis pecadoras. Al contrario, debéis acudir con frecuencia a la mesa santa,
porque ahí están, allí son depositadas y escondidas toda fuerza, toda santidad,
toda ayuda y todo consuelo.
Pero vosotras no juzgaréis tampoco a los que no lo hacen… No
debéis emitir ningún juicio, para no ser semejantes al fariseo que se
vanagloriaba y condenaba al que estaba detrás de él. Guardaos de esto como de
la pérdida de vuestras almas; absteneos de este peligroso pecado de la
reprobación… Cuando el hombre llega a la cumbre de toda perfección, nada es más
necesario para él que sumergirse en las profundidades más bajas e ir hasta las
raíces de la humildad. Porque del mismo modo que la altura de un árbol depende
de la profundidad de sus raíces, así la elevación de esta vida viene de la
profundidad de la humildad. He aquí porque el publicano, que había reconocido
las profundidades de su bajeza hasta el punto de no atreverse a levantar los
ojos hacia el cielo, fue elevado sobre la altura, porque "regresó a su
casa habiendo sido justificado".
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