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Jueves 27 Marzo 2014
Jueves de la tercera semana de Cuaresma
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas
salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los
demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que
viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino
donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su
reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de
Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con
qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán
a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de
Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su
palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el
arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge
conmigo, desparrama.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Juan Eudes (1601-1680) sacerdote, predicador, fundador de
institutos religiosos
El Reino de Jesús, 3, 4 (trad. breviario viernes 33 del tiempo
ordinario)
"El reino de Dios ha venido para vosotros"
Debemos continuar y completar en nosotros los estados y
misterios de la vida de Cristo, y suplicarle con frecuencia que los consume v
complete en nosotros y en toda su Iglesia. Porque los misterios de Jesús no han
llegado todavía a su total perfección y plenitud. Han llegado, ciertamente, a
su perfección y plenitud en la persona de Jesús, pero no en nosotros, que somos
sus miembros, ni en su Iglesia, que es su cuerpo místico (Ef 5,30).
El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y
continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las
gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere
producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido, quiere
completarlos en nosotros. Por esto, san Pablo dice que Cristo halla su plenitud
en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la medida
de Cristo en su plenitud (Ef 4,13)... El mismo apóstol dice, en otro lugar, que
él completa en su carne los dolores de Cristo (Col 1,24)...
De este modo, el Hijo de Dios ha determinado consumar y
completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a
término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su
vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por
los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que
llevemos una vida espiritual e interior, escondida con él en Dios.
Quiere completar en
nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que
suframos, muramos y resucitemos con él y en él. Finalmente, completará en
nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal…
Según esto, los
misterios de Cristo no estarán completos hasta el final de aquel tiempo que él
ha destinado para la plena realización de sus misterios en nosotros y en la
Iglesia, es decir, hasta el fin del mundo.
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