miércoles, 19 de junio de 2013

__junio 19. 2.013

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Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.


Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo.
Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.
Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha:
tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.
Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio.
Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello.
No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución sobre la Santa Liturgia “Sacrosanctum Concilium”, § 10-12 


Ora a tu Padre que ve en lo secreto

La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza… Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin. Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano(cf 2Co 6,1). Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente. Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua(1Tes 5,17)., según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo (2Co 4,10-11), para que también su vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí, (cf plegararia eucarística III).





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martes, 18 de junio de 2013

_junio 18, 2,013

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Evangelio según San Mateo 5,43-48.

Ustedes han oído que se dijo: 

«Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.»

Pero yo les digo: 

Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores,para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores.Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen.Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así.Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, doctora de la Iglesia 
Manuscrito autobiográfico C 13 v°-14 r° 


El amor a los enemigos

    Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de desagradarme en 
todo. Sus modales, sus palabras, su carácter me resultan sumamente 
desagradables. Sin embargo, es una santa religiosa, que debe de ser 
sumamente agradable a Dios. 

    Entonces, para no ceder a la antipatía natural que experimentaba, 
me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en simples 
sentimientos, sino en obras, y me dediqué a portarme con esa hermana como 
lo hubiera hecho con la persona a quien más quiero. Cada vez que la 
encontraba, pedía a Dios por ella, ofreciéndole todas sus virtudes y sus 
méritos. 

    Sabía muy bien que esto le gustaba a Jesús, pues no hay artista a 
quien no le guste recibir alabanzas por sus obras. Y a Jesús, el Artista 
de las almas, tiene que gustarle enormemente que no nos detengamos en lo 
exterior, sino que penetremos en el santuario íntimo que él se ha 
escogido por morada y admiremos su belleza. 

    No me conformaba con rezar mucho por esa hermana que era para mí 
motivo de tanta lucha. Trataba de prestarle todos los servicios que podía; 
y cuando sentía la tentación de contestarle de manera desagradable, me 
limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas y procuraba 
cambiar de conversación. 

    Con frecuencia también… como tenía que mantener relaciones con 
esta hermana a causa del oficio, cuando mis combates interiores eran 
demasiado fuertes, huía como un desertor. 
Como ella ignoraba por completo lo que yo sentía hacia su persona, nunca 
sospechó los motivos de mi conducta, y vive convencida de que su carácter 
me resultaba agradable. 
Un día, en la recreación, me dijo con aire muy satisfecho más o menos 
estas palabras: “¿Querría decirme, hermana Teresa del Niño Jesús, 
qué es lo que la atrae tanto en mi? Siempre que me mira, la veo 
sonreír”. ¡Ay!, lo que me atraía era Jesús, escondido en el fondo de 
su alma... Jesús, que hace dulce hasta lo más amargo...







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lunes, 17 de junio de 2013

_JUNIO 17 . 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,38-42.

Ustedes han oído que se dijo: 

«Ojo por ojo y diente por diente.»

Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.
Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Doroteo de Gaza (c.500 - ?), monje en Palestina 
Instrucciones, nº 1, 6-8; SC 92 


“Yo os digo: No hagáis frente al que os agravia”

La Ley dice: “Ojo por ojo, diente por diente” (Ex 21,24). Pero el 
Señor nos exhorta no sólo a recibir pacientemente el golpe del que nos 
abofetea, sino a presentarle humildemente la otra mejilla. Porque la 
finalidad de la Ley era enseñarnos a no hacer lo que no queremos que nos 
hagan. Nos priva, pues, de hacer el mal por miedo a lo que nos pueda 
ocurrir. Pero lo que se nos pide ahora es: rechazar el odio, el amor al 
placer, el amar los honores y demás tendencias nocivas... 

A través de los santos mandamientos Cristo, nos enseña a purificar 
nuestras pasiones a fin de que éstas no nos hagan caer de nuevo en los 
mismos pecados. Nos muestra la causa que nos hace llegar al desprecio y a 
la trasgresión de los preceptos de Dios; y nos proporciona el remedio para 
que podamos obedecer y ser salvados. 

¿Cuál es, pues, el remedio y la causa de este desprecio? Escuchad lo 
que nos dice el mismo Señor: “Aprended de mí que soy manso y humilde de 
corazón, y encontraréis el descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). He 
aquí que, de manera breve, con una sola palabra, nos muestra la raíz y la 
causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes. 
Nos enseña que lo que nos hace caer es la soberbia, y que no es posible 
alcanzar misericordia sino por la humildad, que es la disposición 
contraria. De hecho, la soberbia engendra el desprecio y la desobediencia 
que conduce a la muerte, mientras que la humildad engendra obediencia y la 
salvación de las almas: yo entiendo la verdadera humildad, no como un 
rebajarse de palabra y en actitudes, sino como una disposición 
verdaderamente humilde en lo más íntimo del corazón y del espíritu. Por 
esto dice el Señor: “Yo soy manso y humilde de corazón”. El que 
quiera encontrar el verdadero descanso para su alma que aprenda a ser 
humilde.




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domingo, 16 de junio de 2013

_junio 16 . 2.013

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Evangelio según San Lucas 7,36-50.8,1-3.
Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa del fariseo y se reclinó en el sofá para comer.
En aquel pueblo había una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de él, a sus pies,
y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los pies y derramaba sobre ellos el perfume.
Al ver esto el fariseo que lo había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo que vale.»
Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Simón contestó: «Habla, Maestro.» Y Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta.
Como no te nían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos. ¿Cuál de los dos lo querrá más?»
Simón le contestó: «Pienso que aquel a quien le perdonó más.» Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien.»
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus cabellos.
Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies de besos.
Tú no me ungiste la cabeza con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies.
Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco, demuestra poco amor.»
Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te quedan perdonados».
Y los que estaban con él a la mesa empezaron a pensar: «¿Así que ahora pretende perdonar pecados?»
Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
La Penitencia, II, 8; SC 179 


“Tu fe te ha salvado. Vete en paz”

“No son los que están sanos los que tienen necesidad de médico, 
sino los que están enfermos” (Mt 9,12). Enseña al médico tu herida de 
manera que puedas ser curado. Aunque tú no se la enseñes, Él la conoce, 
pero exige de ti que le hagas oír tu voz. Limpia tus llagas con tus 
lágrimas. Es así como esta mujer de la que habla el evangelio se quitó 
de encima su pecado y el mal olor de su extravío; es así como se ha 
purificado de su falta, lavando con sus lágrimas los pies de Jesús. 

¡Resérvame para mí también, oh Jesús, el poder lavar tus pies, 
esos que has ensuciado mientras caminabas conmigo!... Pero ¿dónde 
encontraré el agua viva con la que podré lavar tus pies? Si no tengo 
agua, tengo mis lágrimas. ¡Haz que, lavándote los pies con ellas, yo 
mismo me purifique! ¿Cómo lo haré para que puedas decir de mi: “Sus 
numerosos pecados le han sido perdonados, porque ha amado mucho”? 
Confieso que mi deuda es considerable y que se me ha “perdonado mucho”, 
a mi que he sido arrancado del ruido de las querellas de la plaza pública 
y de las responsabilidades del gobierno, para ser llamado al sacerdocio. 
Temo, por consiguiente, ser considerado como un ingrato si amo menos, 
siendo así que se me ha perdonado mucho. 

No puedo comparar a esta mujer con cualquiera otra, ya que, con justa 
razón, sido preferida al fariseo Simón que recibía al Señor a comer. 
Sin embargo, ella enseña, a todos los que quieren merecer el perdón, que 
es besando los pies de Cristo y lavándolos con sus lágrimas, 
enjugándolos con sus cabellos, y ungiéndolos con perfume, la manera de 
obtenerlo... Si no podemos igualarla, el Señor Jesús sabe venir en ayuda 
de los débiles. Allí donde nadie sabe preparar una comida, llevar un 
perfume, traer consigo una fuente de agua viva (Jn 4,10), viene Él mismo.







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__junio 15. 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,33-37.
Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: «No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor.»
Pero yo les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios;
ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey.
Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos.
Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San [Padre] Pio de Pietrelcina (1887-1968), capuchino 
FSI 32, FM 167, Ep 3, 564 


“Que vuestro sí sea sí” (Sant 5,12)

No sabes lo que la obediencia es capaz de producir por un sí, por un 
simple sí...”Que se haga en mí según tu palabra”—María se 
convierte en madre de Dios. Diciendo su sí se declara esclava del Señor y 
conserva intacta su virginidad, tan estimada por ella misma y por Dios. Por 
este sí de María, el mundo obtiene la salvación, la humanidad es 
rescatada. Entonces, procuremos nosotros también cumplir la voluntad de 
Dios y digamos sí todos los días al Señor... 

Que María haga florecer en tu alma nuevas virtudes y que te guarde. 
Ella es el mar que hay que atravesar para llegar a las costas esplendorosas 
de la eternidad. Permanece, pues, siempre con Ella... Apóyate en la cruz 
de Cristo, a ejemplo de María. Encontrarás un gran alivio fortaleza. 
María permaneció, de pie, bajo la cruz, junto a su Hijo crucificado. En 
ningún momento, Jesús la amó tanto como en aquel trance de sufrimientos 
inexplicables.





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_junio 14. 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,27-32.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio.»
Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.»
Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio. 




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Tertuliano (c.155 - c.220),teólogo 
A su esposa II, 9 


“Allí donde dos estén reunidos, Él está presente”

¿Dónde voy a encontrar la fuerza para describir de manera 
satisfactoria la felicidad de un matrimonio cristiano? La Iglesia confirma 
el contrato, la ofrenda eucarística lo sella con la bendición, los 
ángeles lo proclaman y el Padre celestial lo ratifica. 
¡Qué dulce y santa alianza aquella en la que los dos son cristianos (Mt 
11,29), unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, 
el mismo servicio¡ Los dos son hijos de un mismo Padre, servidores de un 
mismo Señor… son ciertamente dos en una sola carne(Mt 19,5). Allí donde 
la carne es una, uno también es el espíritu. Juntos oran, juntos se 
postran, juntos observan a los jóvenes; se instruyen mutuamente, se 
exhortan mutuamente, se dan ánimos mutuamente. 

Los encontráis juntos en la iglesia, juntos en el banquete de Dios, 
juntos en las pruebas, las persecuciones, los consuelos. Entre ellos no 
existe ningún secreto, ninguna escapatoria, ningún motivo de pena. Con 
toda libertad visitan a los enfermos, asisten a los indigentes. Para la 
limosna ninguna tacañería, para el sacrificio ningún contratiempo, para 
la observancia de los deberes cotidianos no hay trabas. En su casa ningún 
signo de cruz furtivo, saludo inquieto, bendición muda. Entre ellos, 
resuenan salmos e himnos; se provocan mutuamente para saber quien entona el 
mejor canto a su Señor. Cristo se alegra de esta vista en este concierto. 
Les envía su paz. Allí donde dos están reunidos, él también está 
presente (Mt 18,20). Allí donde él está presente, el malvado no tiene 
lugar.







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_junio 13 . 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,20-26.

Yo se lo digo: si no se proponen algo más perfecto que lo de los fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos.
Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio.»
Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno.
Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda.
Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias, que te encerrarán en la cárcel?
En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo.


Extraído de la Biblia Latinoamericana.



Leer el comentario del Evangelio por :

Benedicto XVI, papa de 2005 a 2013
Homilía del 29/05/2005 en el Congreso Eucarístico de Bari (trad. © copyright Librería Editrice Vaticana)

“Ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después ven a presentar tu ofrenda”

El único y el mismo Cristo esta presente en el pan eucarístico de
todos los lugares de la tierra. Esto significa que sólo podemos
encontrarlo junto con todos los demás. Sólo podemos recibirlo en la
unidad. ¿No es esto lo que nos ha dicho el apóstol san Pablo…?
Escribiendo a los Corintios, afirma: "El pan es uno, y así nosotros,
aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del
mismo pan" (1 Co 10, 17). La consecuencia es clara: no podemos comulgar con
el Señor, si no comulgamos entre nosotros. Si queremos presentaros ante
él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de
otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no
dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino
abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el
corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al
generoso ofrecimiento de las propias.

La Eucaristía -repitámoslo- es sacramento de la unidad. Pero, por
desgracia, los cristianos están divididos, precisamente en el sacramento
de la unidad. Por eso, sostenidos por la Eucaristía, debemos sentirnos
estimulados a tender con todas nuestras fuerzas a la unidad plena que
Cristo deseó ardientemente en el Cenáculo (Jn 17,21-22)... quisiera
reafirmar mi voluntad de asumir el compromiso fundamental de trabajar con
todas mis energías en favor del restablecimiento de la unidad plena y
visible de todos los seguidores de Cristo. Soy consciente de que para eso
no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Hacen falta gestos
concretos que entren en los corazones y sacudan las conciencias,
estimulando a cada uno a la conversión interior, que es el requisito de
todo progreso en el camino del ecumenismo.   





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_junio 12. 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,17-19.
No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo.
En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice.
Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Jerónimo (347-420), presbítero, traductor de la biblia al latín, doctor de la Iglesia 
Homilía sobre el evangelio de Marcos, n° 9 - 8; SC 494 


Cristo, el cumplimiento de la Ley y los profetas

Cuando leo el evangelio y encuentro testimonios de la Ley y de los 
profetas, no considero en ello otra cosa que a Cristo. Cuando contemplo a 
Moisés, cuando leo a los profetas es para comprender lo que dicen de 
Cristo. El día que habré llegado a entrar en el resplandor de la luz de 
Cristo y brille en mis ojos como la luz del sol, ya no seré capaz de mirar 
la luz de una lámpara. Si alguien enciende una lámpara en pleno día, la 
luz de la lámpara se desvanece. Del mismo modo, cuando uno goza de la 
presencia de Cristo, la Ley y los profetas desaparecen. No quito nada a la 
gloria de la Ley y de los profetas; al contrario, los enaltezco como 
mensajeros de Cristo. Porque cuando leo la Ley y los profetas, mi meta no 
es la Ley y los profetas sino, por la Ley y los profetas quiero llegar a 
Cristo.







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_junio 11 . 2.013

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Evangelio según San Mateo 10,7-13.
A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca!
Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar.
No lleven oro, plata o monedas en el cinturón.
Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento.
En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan.
Al entrar en la casa, deséenle la paz.
Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución sobre la Iglesia “Lumen gentium”, § 35 (trad. © copyright Librería Editrice Vaticana) 


“Proclamad que el Reino de los cielos está cerca”

Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el 
testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión 
profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través 
de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también 
por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en 
testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. 
Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida 
diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la 
medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo 
presente (Ef 5, 16; Col 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. 
Rm 8, 25)… Tal evangelización, es decir, el anuncio de Cristo pregonado 
por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una característica 
específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en 
las condiciones comunes del mundo. 

En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado 
por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar. En 
ella el apostolado de los laicos halla una ocasión de ejercicio y una 
escuela preclara si la religión cristiana penetra toda la organización de 
la vida y la transforma más cada día. Aquí los cónyuges tienen su 
propia vocación: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y 
del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las 
presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida 
bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al 
mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad. 
Por consiguiente, los laicos, incluso cuando están ocupados en los 
cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en 
orden a la evangelización del mundo.







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_junio 10. 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,1-12.
Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor.
Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
«Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando por cau sa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias.
Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Francisco de Asís (1182-1226), fundador de la orden franciscana 
Admoniciones, § 13-16 


“De ellos es el Reino de los Cielos”

“Dichosos los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios”. El 
siervo de Dios no puede saber cuánta paciencia y humildad posee mientras 
todo le vaya a satisfacción. Mas la paciencia y humildad que tenga el día 
en que se lleven la contraria quiénes debieran darle satisfacción, esa 
tiene y no más. “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es 
el reino de los cielos” (Mt 5,3). Hay muchos que perseveran en la 
oración y en los divinos oficios y hacen muchas abstinencias y 
mortificaciones corporales, pero por sola una palabra que parece ser 
injuriosa para sus cuerpos o por cualquier cosa que se les quite, se 
escandalizan y en seguida se alteran. Esos tales no son pobres de 
espíritu; porque quien es de verdad pobre de espíritu se odia a sí mismo 
y ama a los que le golpean en la mejilla (Mc 8,34; Mt 5,39). “Dichosos 
los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios”. Son verdaderamente 
pacíficos aquellos que, en medio de todo lo que padecen en este siglo, 
conservan la paz de alma y cuerpo, por el amor de nuestro Señor 
Jesucristo. “Dichosos los limpios corazón, porque ellos verán a 
Dios”. Son verdaderamente de corazón limpio los que desprecian lo 
terreno, buscan lo celestial y nunca dejan de adorar y contemplar con 
corazón y ánimo limpio al Señor Dios vivo y verdadero.


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_junio 9. 2.013

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Evangelio según San Lucas 7,11-17.
Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Naín, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas.
Cuando llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba.
Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores.»
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate.»
Se incorporó el muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo.»
Lo mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución pastoral «Gaudium et Spes» sobre la Iglesia en el mundo actual, § 22 - Copyright © Libreria Editrice Vaticana 


El Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores.”

    El que es “imagen de Dios invisible” (Col 1,15) es también el 
hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza 
divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana 
asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin 
igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con 
todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de 
hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido 
de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes 
en todo a nosotros, excepto en el pecado. 

    Cordero inocente, con la entrega libérrima de su sangre nos 
mereció la vida. En El Dios nos reconcilió consigo y con nosotros y nos 
liberó de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de 
nosotros puede decir con el Apóstol: El Hijo de Dios “me amó y se 
entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20). Padeciendo por nosotros, nos 
dio ejemplo para seguir sus pasos y, además abrió el camino, con cuyo 
seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido. 

    El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el 
Primogénito entre muchos hermanos, recibe “las primicias del 
Espíritu” (Rom 8,23)… Por medio de este Espíritu, que es “prenda de 
la herencia” (Eph 1,14), se restaura internamente todo el hombre hasta 
que llegue “la redención del cuerpo” (Rom 8,23). Si el Espíritu de 
Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el 
que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también vida a 
vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu que habita en vosotros 
(Rom 8,11)... Este es el gran misterio del hombre que la Revelación 
cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el 
enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en 
absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y 
nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: 
“Abba!,¡Padre!”






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_JUNIO 8 .2.013

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Evangelio según San Lucas 2,41-51.
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.
Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.
Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.
Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos.
Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda.
Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.
Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.»
El les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron esta respuesta.
Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 




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viernes, 7 de junio de 2013

_JUNIO 7. 2.013

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Evangelio según San Lucas 15,3-7.

Entonces Jesús les dijo esta parábola:

«Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió hasta que la encuentra?
Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros,
y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido.”
Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Guillermo de San Teodorico (c.1085-1148), monje benedictino y después cisterciense 
Meditativae Orationes 8,6; SC 324, pag. 139 


“Con alegría la toma sobre sus hombros.”

Señor, ¿a dónde llevas a aquellos que tú abrazas y estrechas entre 
tus brazos sino hasta tu corazón? Tu corazón, Jesús, es aquel dulce 
maná de tu divinidad, que guardas en tu interior en el vaso de oro de tu 
alma que sobrepasa todo conocimiento. (cf Hb 9,4) Felices aquellos que son 
llevados hasta allí por tu abrazo. Felices aquellos que, sumergidos en 
estas profundidades, han sido escondidos por ti en el secreto de tu 
corazón, aquellos que tú llevas sobre tus hombros, al amparo de las 
turbaciones de esta vida. (Sal 30,21) Felices aquellos cuya única 
esperanza es la dulzura y la protección bajo tus alas. (Lc 13,35; Sal 
90,4) 

La fuerza de tus hombros protege a aquellos que tú escondes en tu 
corazón. Ahí pueden descansar tranquilamente. Una dulce expectación los 
alegra en el aprisco amurallado (Sal 67,14) de una conciencia pura y de la 
espera de recompensa que tú has prometido. Su debilidad no los inquieta, 
ni cosa alguna los turba.






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jueves, 6 de junio de 2013

_JUNIO 6. 2.013

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Evangelio según San Marcos 12,28-34.Entonces se adelantó un maes tro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»Jesús le contestó:

«El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.
Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»


El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él,
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»
Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo

: «No estás lejos del Reino de Dios.» 

Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.

Leer el comentario del Evangelio por :
San [Padre] Pio de Pietrelcina (1887-1968), capuchino
Buona giornata 24, 29/5; Ep 3, 1246, 1010

El amor de Dios y de los hombres

Me consume una doble llama: el amor de Dios y el amor a los hombres. Jesús ha puesto un volcán siempre en erupción, dentro de mi corazón tan
pequeño....
¡Dios mío, estate siempre conmigo en mi
pobre corazón y acaba la obra que has comenzado! Oigo en mi interior más
íntimo esta voz que me repite: “¡Santifícate y santifica a los
demás!”
Esto es lo que quiero, querido hijito mío, a quien escribo todo esto,
aunque no sé por dónde comenzar. ¡Ayúdame! Sé que Jesús te quiere
mucho y tú lo mereces. ¡Háblale, pues, de mí! Le pido que me conceda
ser un hijo menos indigno de San Francisco, que pueda servir como ejemplo a
mis hermanos de manera que guarden ellos su fervor y lo guarde yo también
hasta llegar a ser un perfecto capuchino.


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_JUNIO 5. 2.013

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Evangelio según San Marcos 12,18-27.


Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron:
«Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero.
Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer.
En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.»
Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios.
Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Catecismo de la Iglesia Católica 
§ 293-294 


El Dios de los vivientes

La Sagrada Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y celebrar 
esta verdad fundamental: “El mundo ha sido creado para gloria de Dios.” 
Dios ha creado todas las cosas”, dice San Buenaventura, “no para 
añadir nada a su gloria, sino para manifestar y comunicar esta gloria.” 
Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad. “El 
amor es la llave que ha abierto la mano de Dios para crear todo lo que 
existe” (Santo Tomás de Aquino)... 

La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta 
comunicación de su bondad en vista de las cuales ha sido creado el mundo. 
“Hacer de nosotros hijos adoptivos por Jesucristo”: éste fue el 
designio benevolente de su voluntad a la alabanza de su gloria y su gracia. 
(cf Ef 1,5-6) “Porque la gloria de Dios es el hombre viviente, y la vida 
del hombre es la visión de Dios: si la revelación de Dios por la 
creación procura la vida a todos los seres que viven en la tierra, 
¡cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procura la vida a 
aquellos que ven a Dios.” (S. Ireneo) El fin último de la creación es 
que Dios, “el creador de todos los seres, llegue a ser “todo en 
todos” (cf 1Cor 15,28) procurando a la vez su gloria y nuestra 
bienaventuranza.” (Concilio Vaticano II)   






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_JUNIO 4- 2.013

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Evangelio según San Marcos 12,13-17.

Querían pillar a Jesús en algo que dijera. Con ese fin le enviaron algunos fariseos junto con partidarios de Herodes.
Y dijeron a Jesús: «Maes tro, sabemos que eres sincero y que no te inquietas por los que te escuchan, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿es contrario a la Ley pagar el impuesto al César? ¿Tenemos que pagarlo o no?»
Pero Jesús vio su hipocresía y les dijo: «¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda, que yo la vea.»
Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: «¿De quién es esta cara y lo que está escrito?» Ellos le respondieron: «Del César.»
Entonces Jesús les dijo: «Devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» Jesús los dejó muy sorprendidos.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Pedro Crisologo (c 406-450), obispo de Rávena, doctor de la Iglesia 
Sermón 148; PL 52, 596 


¿De quién es este rostro?

Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios? ¿Por qué te deshonras de tal modo, tú que has sido tan honrado por Dios? ¿Por qué te preguntas tanto de dónde has sido hecho, y no te preocupas de para qué has sido hecho? ¿Por ventura todo este mundo que ves con tus ojos no ha sido hecho precisamente para que sea tu morada?. Para ti ha sido creada esta luz que aparta las tinieblas que te rodean; para ti ha sido establecida la ordenada sucesión de días y noches; para ti el cielo ha sido iluminado con este variado fulgor del sol, de la luna, de las estrellas; para ti la tierra ha sido adornada con flores, árboles y frutos; para ti ha sido creada la admirable multitud de seres vivos que pueblan el aire, la tierra y el agua, para que una triste soledad no ensombreciera el gozo del mundo que empezaba. Y el Creador encuentra el modo de acrecentar aún más tu dignidad: pone en ti su imagen (Gn 1,26), para que de este modo hubiera en la tierra una imagen visible de su Hacedor invisible y para que hicieras en el mundo sus veces, a fin de que un dominio tan vasto no quedara privado de alguien que representara a su Señor. Más aún, Dios, por su clemencia, tomó en sí lo que en ti había hecho por sí y quiso ser visto realmente en el hombre, en el que antes sólo había podido ser contemplado en imagen; y concedió al hombre ser en verdad lo que antes había sido solamente en semejanza... La Virgen concibió y dio a luz un hijo (Mt 1,23-25).






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lunes, 3 de junio de 2013

_JUNIO 3 . 2.013

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Evangelio según San Marcos 12,1-12.

Jesús entonces les dirigió estas parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y construyó una casa para el celador. La alquiló después a unos trabajadores y se marchó al extranjero.
A su debido tiempo envió a un sirviente para pedir a los viñadores la parte de los frutos que le correspondían.
Pero ellos lo tomaron, lo apalearon y lo despacharon con las manos vacías.
Envió de nuevo a otro servidor, y a éste lo hirieron en la cabeza y lo insultaron.
Mandó a un tercero, y a éste lo mataron. Y envió a muchos otros, pero a unos los hirieron y a otros los mataron.
Todavía le quedaba uno: ése era su hijo muy querido. Lo mandó por último, pensando: «A mi hijo lo respetarán.»
Pero los viñadores se dijeron entre sí: «Este es el heredero, la viña será para él; matémosle y así nos quedaremos con la propiedad.»
Tomaron al hijo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
Ahora bien, ¿qué va a hacer el dueño de la viña? Vendrá, matará a esos trabajadores y entregará la viña a otros.»
Y Jesús añadió: «¿No han leído el pasaje de la Escritura que dice: La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra principal del edificio.
Esta es la obra del Señor, y nos dejó maravillados?»
Los jefes querían apresar a Jesús, pero tuvieron miedo al pueblo; habían entendido muy bien que la parábola se refería a ellos. Lo dejaron allí y se fueron.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Basilio (c 330-379), monje y obispo de Cesarea en Capadocia, doctor de la Iglesia 
Grandes Reglas monásticas, § 2 


"Todavía le faltaba enviar a alguien: a su Hijo muy amado"

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gn 1,26), lo honró con el conocimiento de sí mismo, lo dotó de razón, por encima de los demás seres vivos, le otorgó poder gozar de la increíble belleza del paraíso y lo constituyó, finalmente, rey de toda la creación. Después, aunque el hombre cayó en el pecado, engañado por la serpiente, y, por el pecado, en la muerte y en las miserias que acompañan al pecado, a pesar de ello, Dios no lo abandonó; al contrario, le dio primero la ley, para que le sirviese de ayuda, lo puso bajo la custodia y vigilancia de los ángeles, le envió a los profetas, para que le echasen en cara sus pecados y le mostrasen el camino del bien... La bondad del Señor no nos dejó abandonados y, aunque nuestra insensatez nos llevó a despreciar sus honores, no se extinguió su amor por nosotros, a pesar de habernos mostrado rebeldes para con nuestro bienhechor; por el contrario, fuimos rescatados de la muerte y restituidos a la vida por el mismo nuestro Señor Jesucristo; y la manera como lo hizo es lo que más excita nuestra admiración. En efecto, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo (Ef. 2,6-7). Más aún, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, fue traspasado por nuestras rebeliones, sus cicatrices nos curaron (Is 53,4-5); además, nos rescató de la maldición, haciéndose por nosotros un maldito (Ga 3,13), y sufrió la muerte más ignominiosa para llevarnos a una vida gloriosa. Y no se contentó con volver a dar vida a los que estaban muertos, sino que los hizo también partícipes de su divinidad y les preparó un descanso eterno y una felicidad que supera toda imaginación humana. ¿Cómo pagaremos, pues, al Señor todo el bien que nos ha hecho? (Sal. 115, 12) Es tan bueno que la única paga que exige es que lo amemos por todo lo que nos ha dado.





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_JUNIO 2. 2-013

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Evangelio según San Lucas 9,11b-17.


Pero la gente lo supo y partieron tras él. Jesús los acogió y volvió a hablarles del Reino de Dios mientras devolvía la salud a los que necesitaban ser atendidos.
El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo.»
Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?»
De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta.»
Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron.
Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente.
Todos comieron hasta saciarse. Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 272, A los nuevos bautizados, sobre el sacramento 


“Sed lo que veis y recibid lo que sois”
Lo que veis en el altar de Dios..., es el pan y el cáliz: esto es lo que vuestros ojos os indican. Pero es vuestra fe quien quiere ser instruida, que ese pan es el cuerpo de Cristo, que ese cáliz es su sangre. Esto supone una breve fórmula, que puede bastar a la fe. Pero la fe busca instruirse... ¿Cómo este pan es su cuerpo, y este cáliz, o más bien su contenido, puede ser su sangre?

Hermanos míos esto es lo que se llaman sacramentos: muestran una realidad y de ellos se deduce otra. Lo que vemos es una apariencia corporal en tanto que lo que comprendemos es un fruto espiritual. Si queréis comprender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al Apóstol, que dice a los fieles: “sois el cuerpo de Cristo, y cada uno de vosotros, sois los miembros de ese cuerpo” (1 Co 12,17). Así pues si sois vosotros el cuerpo de Cristo y sus miembros, es vuestro misterio quien se encuentra en la mesa del Señor, es vuestro misterio lo que recibís. A esto, lo que sois, responded: “Amén” y con esta respuesta, lo suscribiréis. Se os dice: «el cuerpo de Cristo» y respondéis “Amén”. Sed pues miembros del cuerpo de Cristo para que este Amén sea verdadero.

¿Por qué pues el cuerpo está en el pan? Aquí aun, no decimos nada de nosotros mismos, escuchemos una vez más al Apóstol, quien, hablando de este sacramento nos dice: “porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo” (1 Co 10,17) ¡Comprended esto y permaneced en la alegría: unidad, verdad, piedad, caridad! “Un solo pan”; ¿quién es este pan único? “un solo cuerpo, nosotros que somos muchos”. Recordad que no se hace pan con un solo grano, sino con muchos. Sed lo que veis, y recibid lo que sois.






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