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Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Guárdense de
las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien.
Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está
en el cielo.
Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de
trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles,
para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su
premio.
Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe
saber lo que hace la derecha:
tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que
ve en lo secreto, te premiará.
Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan
espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las
plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su
premio.
Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu
Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te
premiará.
Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan
espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo:
ellos han recibido ya su premio.
Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y
perfúmate el cabello.
No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu
Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te
premiará.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Concilio Vaticano
II
Constitución sobre la Santa Liturgia “Sacrosanctum Concilium”, § 10-12
La Liturgia es la cumbre a la cual tiende
la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su
fuerza… Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia
nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella
santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la
cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin. Mas, para asegurar
esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada
Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su
voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano(cf 2Co 6,1). Por
esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica
no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino
también para que los fieles participen en ella consciente, activa y
fructuosamente. Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda
la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no
obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún,
debe orar sin tregua(1Tes 5,17)., según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol
nos exhorta a llevar siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo (2Co
4,10-11), para que también su vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por
esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la
ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna"
para Sí, (cf plegararia eucarística III).
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