domingo, 16 de junio de 2013

_junio 11 . 2.013

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Evangelio según San Mateo 10,7-13.
A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca!
Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar.
No lleven oro, plata o monedas en el cinturón.
Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento.
En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan.
Al entrar en la casa, deséenle la paz.
Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución sobre la Iglesia “Lumen gentium”, § 35 (trad. © copyright Librería Editrice Vaticana) 


“Proclamad que el Reino de los cielos está cerca”

Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el 
testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión 
profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través 
de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también 
por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en 
testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. 
Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida 
diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la 
medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo 
presente (Ef 5, 16; Col 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. 
Rm 8, 25)… Tal evangelización, es decir, el anuncio de Cristo pregonado 
por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una característica 
específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en 
las condiciones comunes del mundo. 

En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado 
por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar. En 
ella el apostolado de los laicos halla una ocasión de ejercicio y una 
escuela preclara si la religión cristiana penetra toda la organización de 
la vida y la transforma más cada día. Aquí los cónyuges tienen su 
propia vocación: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y 
del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las 
presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida 
bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al 
mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad. 
Por consiguiente, los laicos, incluso cuando están ocupados en los 
cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en 
orden a la evangelización del mundo.







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