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Evangelio según San Marcos 12,18-27.
Entonces se
presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los
muertos, y por eso le preguntaron:
«Maestro, según la ley de Moisés, si un
hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la
viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
Pues bien, había
siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó
con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero.
Y pasó lo
mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la
mujer.
En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos
será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.»
Jesús les contestó:
«Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el
poder de Dios.
Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y
mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
Y en cuanto a saber si
los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la
zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob?
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy
equivocados.»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Catecismo de la
Iglesia Católica
§ 293-294
La Sagrada Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y celebrar
esta verdad fundamental: “El mundo ha sido creado para gloria de Dios.”
Dios ha creado todas las cosas”, dice San Buenaventura, “no para
añadir
nada a su gloria, sino para manifestar y comunicar esta gloria.”
Porque Dios
no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad. “El
amor es la llave
que ha abierto la mano de Dios para crear todo lo que
existe” (Santo Tomás
de Aquino)...
La gloria de Dios consiste en que se realice esta
manifestación y esta
comunicación de su bondad en vista de las cuales ha
sido creado el mundo.
“Hacer de nosotros hijos adoptivos por Jesucristo”:
éste fue el
designio benevolente de su voluntad a la alabanza de su gloria y
su gracia.
(cf Ef 1,5-6) “Porque la gloria de Dios es el hombre viviente, y
la vida
del hombre es la visión de Dios: si la revelación de Dios por la
creación procura la vida a todos los seres que viven en la tierra,
¡cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procura la vida a
aquellos que ven a Dios.” (S. Ireneo) El fin último de la creación es
que Dios, “el creador de todos los seres, llegue a ser “todo en
todos”
(cf 1Cor 15,28) procurando a la vez su gloria y nuestra
bienaventuranza.”
(Concilio Vaticano II)
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