lunes, 17 de junio de 2013

_JUNIO 17 . 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,38-42.

Ustedes han oído que se dijo: 

«Ojo por ojo y diente por diente.»

Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.
Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Doroteo de Gaza (c.500 - ?), monje en Palestina 
Instrucciones, nº 1, 6-8; SC 92 


“Yo os digo: No hagáis frente al que os agravia”

La Ley dice: “Ojo por ojo, diente por diente” (Ex 21,24). Pero el 
Señor nos exhorta no sólo a recibir pacientemente el golpe del que nos 
abofetea, sino a presentarle humildemente la otra mejilla. Porque la 
finalidad de la Ley era enseñarnos a no hacer lo que no queremos que nos 
hagan. Nos priva, pues, de hacer el mal por miedo a lo que nos pueda 
ocurrir. Pero lo que se nos pide ahora es: rechazar el odio, el amor al 
placer, el amar los honores y demás tendencias nocivas... 

A través de los santos mandamientos Cristo, nos enseña a purificar 
nuestras pasiones a fin de que éstas no nos hagan caer de nuevo en los 
mismos pecados. Nos muestra la causa que nos hace llegar al desprecio y a 
la trasgresión de los preceptos de Dios; y nos proporciona el remedio para 
que podamos obedecer y ser salvados. 

¿Cuál es, pues, el remedio y la causa de este desprecio? Escuchad lo 
que nos dice el mismo Señor: “Aprended de mí que soy manso y humilde de 
corazón, y encontraréis el descanso para vuestras almas” (Mt 11,29). He 
aquí que, de manera breve, con una sola palabra, nos muestra la raíz y la 
causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes. 
Nos enseña que lo que nos hace caer es la soberbia, y que no es posible 
alcanzar misericordia sino por la humildad, que es la disposición 
contraria. De hecho, la soberbia engendra el desprecio y la desobediencia 
que conduce a la muerte, mientras que la humildad engendra obediencia y la 
salvación de las almas: yo entiendo la verdadera humildad, no como un 
rebajarse de palabra y en actitudes, sino como una disposición 
verdaderamente humilde en lo más íntimo del corazón y del espíritu. Por 
esto dice el Señor: “Yo soy manso y humilde de corazón”. El que 
quiera encontrar el verdadero descanso para su alma que aprenda a ser 
humilde.




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