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Evangelio según San Lucas 15,3-7.
Entonces
Jesús les dijo esta parábola:
«Si alguno de ustedes pierde una oveja de las
cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en
busca de la que se le perdió hasta que la encuentra?
Y cuando la encuentra,
se la carga muy feliz sobre los hombros,
y al llegar a su casa reúne a los
amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja
que se me había perdido.”
Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en
el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos
que no tienen necesidad de convertirse.
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Guillermo de San Teodorico (c.1085-1148), monje benedictino y después
cisterciense
Meditativae Orationes 8,6; SC 324, pag. 139
Señor, ¿a dónde llevas a aquellos que tú abrazas y estrechas entre
tus brazos sino hasta tu corazón? Tu corazón, Jesús, es aquel dulce
maná
de tu divinidad, que guardas en tu interior en el vaso de oro de tu
alma que
sobrepasa todo conocimiento. (cf Hb 9,4) Felices aquellos que son
llevados
hasta allí por tu abrazo. Felices aquellos que, sumergidos en
estas
profundidades, han sido escondidos por ti en el secreto de tu
corazón,
aquellos que tú llevas sobre tus hombros, al amparo de las
turbaciones de
esta vida. (Sal 30,21) Felices aquellos cuya única
esperanza es la dulzura y
la protección bajo tus alas. (Lc 13,35; Sal
90,4)
La fuerza de tus
hombros protege a aquellos que tú escondes en tu
corazón. Ahí pueden
descansar tranquilamente. Una dulce expectación los
alegra en el aprisco
amurallado (Sal 67,14) de una conciencia pura y de la
espera de recompensa
que tú has prometido. Su debilidad no los inquieta,
ni cosa alguna los
turba.
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