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Evangelio según San Mateo 5,27-32.
Ustedes han
oído que se dijo: «No cometerás adulterio.»
Pero yo les digo: Quien mira a
una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por
eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque
más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea
arrojado al infierno.
Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y
aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo
tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: «El que se divorcie de
su mujer, debe darle un certificado de divorcio.»
Pero yo les digo: Si un
hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como
mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada,
cometerá adulterio.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Tertuliano (c.155
- c.220),teólogo
A su esposa II, 9
¿Dónde voy a encontrar la fuerza para describir de manera
satisfactoria la felicidad de un matrimonio cristiano? La Iglesia confirma
el contrato, la ofrenda eucarística lo sella con la bendición, los
ángeles lo proclaman y el Padre celestial lo ratifica.
¡Qué dulce y
santa alianza aquella en la que los dos son cristianos (Mt
11,29), unidos
por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina,
el mismo
servicio¡ Los dos son hijos de un mismo Padre, servidores de un
mismo Señor…
son ciertamente dos en una sola carne(Mt 19,5). Allí donde
la carne es una,
uno también es el espíritu. Juntos oran, juntos se
postran, juntos observan
a los jóvenes; se instruyen mutuamente, se
exhortan mutuamente, se dan
ánimos mutuamente.
Los encontráis juntos en la iglesia, juntos en el
banquete de Dios,
juntos en las pruebas, las persecuciones, los consuelos.
Entre ellos no
existe ningún secreto, ninguna escapatoria, ningún motivo de
pena. Con
toda libertad visitan a los enfermos, asisten a los indigentes.
Para la
limosna ninguna tacañería, para el sacrificio ningún contratiempo,
para
la observancia de los deberes cotidianos no hay trabas. En su casa
ningún
signo de cruz furtivo, saludo inquieto, bendición muda. Entre ellos,
resuenan salmos e himnos; se provocan mutuamente para saber quien entona el
mejor canto a su Señor. Cristo se alegra de esta vista en este concierto.
Les envía su paz. Allí donde dos están reunidos, él también está
presente (Mt 18,20). Allí donde él está presente, el malvado no tiene
lugar.
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