domingo, 16 de junio de 2013

_junio 14. 2.013

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Evangelio según San Mateo 5,27-32.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio.»
Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.»
Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio. 




Extraído de la Biblia Latinoamericana. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Tertuliano (c.155 - c.220),teólogo 
A su esposa II, 9 


“Allí donde dos estén reunidos, Él está presente”

¿Dónde voy a encontrar la fuerza para describir de manera 
satisfactoria la felicidad de un matrimonio cristiano? La Iglesia confirma 
el contrato, la ofrenda eucarística lo sella con la bendición, los 
ángeles lo proclaman y el Padre celestial lo ratifica. 
¡Qué dulce y santa alianza aquella en la que los dos son cristianos (Mt 
11,29), unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, 
el mismo servicio¡ Los dos son hijos de un mismo Padre, servidores de un 
mismo Señor… son ciertamente dos en una sola carne(Mt 19,5). Allí donde 
la carne es una, uno también es el espíritu. Juntos oran, juntos se 
postran, juntos observan a los jóvenes; se instruyen mutuamente, se 
exhortan mutuamente, se dan ánimos mutuamente. 

Los encontráis juntos en la iglesia, juntos en el banquete de Dios, 
juntos en las pruebas, las persecuciones, los consuelos. Entre ellos no 
existe ningún secreto, ninguna escapatoria, ningún motivo de pena. Con 
toda libertad visitan a los enfermos, asisten a los indigentes. Para la 
limosna ninguna tacañería, para el sacrificio ningún contratiempo, para 
la observancia de los deberes cotidianos no hay trabas. En su casa ningún 
signo de cruz furtivo, saludo inquieto, bendición muda. Entre ellos, 
resuenan salmos e himnos; se provocan mutuamente para saber quien entona el 
mejor canto a su Señor. Cristo se alegra de esta vista en este concierto. 
Les envía su paz. Allí donde dos están reunidos, él también está 
presente (Mt 18,20). Allí donde él está presente, el malvado no tiene 
lugar.







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