Viernes 11 Abril 2014
Viernes de la quinta semana de Cuaresma
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Evangelio según San Juan 10,31-42.
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas
que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?".
Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por
ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces
Dios".
Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo
dije: Ustedes son dioses?
Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la
Escritura no puede ser anulada-
¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y
envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;
pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí.
Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre".
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó
de las manos.
Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan
había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha
hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad".
Y en ese lugar muchos creyeron en él.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Pedro Crisólogo (c.406-450), arzobispo de Ravenna, doctor
de la Iglesia
Sermón 108; PL 52, 499
«¿Por cuál de las obras buenas me queréis apedrear?
«Os exhorto por la
misericordia de Dios» (Rm 12,1). Pablo pide, o mejor dicho, Dios nos exhorta
por medio de él. El Señor se presenta como quien ruega porque prefiere ser
amado que temido, y le agrada más mostrase como Padre que aparecer como
Señor... Escucha lo que pide el Señor: «Alargué mis manos todo el día» (Is
65,2). ¿No es alargando las manos que habitualmente uno pide? «He alargado las
manos». ¿Hacia quién? « Hacia el pueblo» ¿Qué pueblo? Un pueblo no sólo que no
cree sino «rebelde». «He alargado las manos»: abre sus brazos, dilata su
corazón, presenta su pecho, ofrece su seno, hace de todo su cuerpo un refugio,
para mostrar a través de esta súplica hasta qué punto es padre. En otra parte
escucha a Dios que pide: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te he
entristecido?» (Mi 6,3). ¿No ha dicho: «Si mi divinidad os es desconocida, ¿no
reconoceréis mi carne? ¡Mirad, mirad en mí vuestro cuerpo, vuestro miembros,
vuestras entrañas, vuestra sangre! Si teméis lo que es de Dios ¿por qué no
amáis lo que es vuestro? Si huís del Señor, ¿por qué no corréis hacia el Padre?
Pero quizá sea la
inmensidad de mi pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os
confunde. ¡No temáis! Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte.
Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por
vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros
más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno
más dilatado pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no la pierdo, la derramo
por vosotros.
"Venid, pues,
retornad, y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por
injurias, inmensa ternura por tales heridas."
OOOOOOOOOOOOOOO
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