Domingo 20 Abril 2014
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Fiesta de la Iglesia: DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL
SEÑOR
Ver el comentario abajo
Evangelio según San Juan 20,1-9.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía
estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido
sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que
Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no
sabemos dónde lo han puesto".
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más
rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no
entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el
sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no
estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al
sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él
debía resucitar de entre los muertos.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Gregoario de Nisa (c. 335-395), monje y obispo
2ª Homilía para Pascua
“Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5)
Hoy es el primer día de otra creación. En este día Dios crea
"un cielo nuevo y una tierra nueva" (Is 65,17; Ap 21,1)… En este día
es creado el hombre verdadero, el que es "a imagen y semejanza de
Dios" (Gn 1,26). Mira qué mundo se inaugura en este día, “este día que el
Señor ha hecho " (Sal. 117,24)… Este día abolió el dolor de la muerte y
dio a luz "al primogénito de entre los muertos" (Col 1,18). En este
día… la prisión de la muerte ha sido destruida, los ciegos recobran la vista,
"el sol que nace de lo alto, viene para socorrer a los que viven en
tinieblas y sombras de muerte" (Lc 1,78s)…
Apresurémonos, nosotros también, hacia la contemplación de
este espectáculo extraordinario, para no ser adelantados por las mujeres.
Tengamos en las manos los aromas que son la fe y la conciencia, porque allí
está "El buen olor del Cristo" (Lc 24,1; 2Co 2,15). No busquemos más
"Al Viviente entre los muertos" (Lc 24,5), porque el Señor rechaza al
que le busca así, diciendo: "No me retengas" (Jn 20,17)… No
representes más en tu fe su condición corporal de servidumbre, sino adora al
que está en la gloria del Padre, en "condición de Dios"; y olvida
"la condición del esclavo" (Ef. 2,6-7).
Escuchemos la buena noticia que nos trae María Magdalena, más
rápida que el hombre gracias a su fe… ¿Qué buena noticia nos trae? aquella que
no viene "de parte de los hombres, ni a través del hombre, sino por medio
de Jesucristo" (Ga 1,1). "Escucha, dice ella, lo que el Señor nos
ordenó deciros, a vosotros, a los que llama sus hermanos: ' subo al Padre mío y
Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro ' " (Jn 20,17). ¡Qué bella y
buena noticia! El que, por nosotros se hizo como nosotros, con el fin de
hacernos sus hermanos… atrae a todo el género humano con Él hacia el Padre
verdadero… El, el primogénito de muchos hermanos (Rm 8,29), de la nueva
creación atrajo hacia él la naturaleza entera.
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