Lunes 21 Abril 2014
Lunes de la Octava de Pascua
Ver el comentario abajo
Papa Francisco: Jesús va a su encuentro y les dice:
"Alegraos” (texto original griego)
Evangelio según San Mateo 28,8-15.
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron
rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo:
"Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron
delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que
vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la
ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo,
dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron
durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos
encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier
contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta
versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Homilía del 24/03/2013 (trad. © copyright Libreria Editrice
Vaticana)
Jesús va a su encuentro y les dice: "Alegraos” (texto
original griego)
“¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en
el cielo y gloria en lo alto” (Lc 19,38)… Se respira un clima de alegría. Jesús
ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente
humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha
sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia
de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Este es Jesús. Este
es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros
pecados. El amor de Jesús es grande… Jesús es Dios, pero se ha abajado a
caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano.
Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No
seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os
dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas
cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros;
nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos
difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos
que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo,
viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su
palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a
Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus
hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en
este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis
robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.
OOOOOOOOOOOOOOOOOO
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