Sábado 19 Abril 2014
Sábado Santo - En la noche: Santa Vigilia Pascual
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Una homilía griega del siglo 4º: Es el Señor quién lo ha
hecho, ha sido un milagro patente (Sal. 117,23)
Evangelio según San Mateo 28,1-10.
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana,
María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del
Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran
blancas como la nieve.
Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como
muertos.
El Angel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes
buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan
a ver el lugar donde estaba,
y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de
entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. Esto es
lo que tenía que decirles".
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron
rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo:
"Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron
delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que
vayan a Galilea, y allí me verán".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Una homilía griega del siglo 4º
Sobre la Pascua, §1 et 58s; PG 59, 743; SC 27 (inspirada en
una homilía perdida de San Hipólito de Roma; trad. cf coll. Icthus, t. 10, p.
59s et SC, p. 117s)
Es el Señor quién lo ha hecho, ha sido un milagro patente
(Sal. 117,23)
He aquí la hora en que aparece la luz bendita de Cristo; los
rayos puros del Espíritu se levantan y el cielo abre los tesoros de la gloria
divina. La noche vasta y oscura es engullida, las tinieblas espesas se
dispersan, la sombra triste de la muerte se ahoga en la sombra. La vida estalla
sobre el mundo; todo se llena de una luz infinita. La Aurora de las auroras
sube sobre la tierra, y "el que existía antes que la estrella de la
mañana" (Sal. 109,3), antes que los astros, inmortales e inmensos, Cristo,
brilla por encima de todos los seres más que el sol. Para nosotros que creemos
en él se instaura un día de luz, pleno, eterno, que nada apagará: es la Pascua
mística, celebrada en prefiguración por la Ley, cumplida de verdad por Cristo,
Pascua magnífica, la maravilla de la fuerza de Dios, obra de su poder, la
fiesta verdadera, el memorial eterno: la liberación de todo sufrimiento nace de
la Pasión, la inmortalidad nace de la muerte, la vida nace de la tumba, la
curación nace de la herida, el levantamiento nace de la caída, la ascensión
nace del descenso a los infiernos …
Son las mujeres las que primero lo vieron resucitado. Así como
una mujer había introducido la primera el pecado en el mundo, de igual manera
ella es portadora, la primera todavía, de la noticia de la vida. Por eso ellas
escuchan estas palabras sagradas: "¡Mujeres, alegraos!" (Mt 28,9
griego,) con el fin de que la primera tristeza sea absorbida por la alegría de
la resurrección… Vieron la maravilla, la naturaleza humana unida con la de
Dios, y clamaron a su regreso: "¿Quién es este Rey de gloria?" Otros
respondieron:"El Señor de los ejércitos, Él es el Rey de gloria, fuerte,
valiente y poderoso en el combate" (Sal. 23,7s LXX).
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