Sábado 18 Enero 2014
Sábado de la primera semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Marcos 2,13-17.
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente
acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de
recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo
siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y
pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los
que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con
pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con
publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los
que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a
los justos, sino a los pecadores".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la revelación “Dei Verbum”, § 1-2
“Pasando vio a Mateo… y le dijo… ‘Sígueme’”
El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de
Dios y proclamándola confiadamente, hace cuya la frase de San Juan, cuando
dice: "Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos
manifestó: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que
viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el
Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn., 1,2-3)…
Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a
conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de
Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen
consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios
invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con
ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía.
Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras
intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en
la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos
significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las
obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca
de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en
Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación.
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