Miércoles 22 Enero 2014
Miércoles de la segunda semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Marcos 3,1-6.
Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre
que tenía una mano paralizada.
Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo
curaba en sábado, con el fin de acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: "Ven y
colócate aquí delante".
Y les dijo: "¿Está permitido en sábado hacer el bien o el
mal, salvar una vida o perderla?". Pero ellos callaron.
Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de
indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre:
"Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.
Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos
para buscar la forma de acabar con él.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Encíclica “Lumen fidei / La Luz de la fe”, § 16-17 (trad. © Libreria
Editrice Vaticana)
“Si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la
muerte de su Hijo, mucho más… seremos salvados por su vida” (Rm 5,10)
La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se
encuentra en su muerte por los hombres. Si dar la vida por los amigos es la
demostración más grande de amor (cf. Jn 15,13), Jesús ha ofrecido la suya por
todos, también por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones.
Por eso, los evangelistas han situado en la hora de la cruz el momento
culminante de la mirada de fe, porque en esa hora resplandece el amor divino en
toda su altura y amplitud. San Juan introduce aquí su solemne testimonio cuando,
junto a la Madre de Jesús, contempla al que habían atravesado (cf. Jn 19,37):
«El que lo vio da testimonio, su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la
verdad, para que también vosotros creáis» (Jn 19,35)…
Y, sin embargo, precisamente en la contemplación de la muerte
de Jesús, la fe se refuerza y recibe una luz resplandeciente, cuando se revela
como fe en su amor indefectible por nosotros, que es capaz de llegar hasta la
muerte para salvarnos. En este amor, que no se ha sustraído a la muerte para
manifestar cuánto me ama, es posible creer; su totalidad vence cualquier
suspicacia y nos permite confiarnos plenamente en Cristo.
Ahora bien, la muerte de Cristo manifiesta la total fiabilidad
del amor de Dios a la luz de la resurrección. En cuanto resucitado, Cristo es
testigo fiable, digno de fe (cf. Ap 1,5; Hb 2,17), apoyo sólido para nuestra
fe.
ooooooooooooooooooooooooooooo
No hay comentarios:
Publicar un comentario