domingo 19 Enero 2014
Segundo Domingo del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Juan 1,29-34.
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
"Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre
que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que
él fuera manifestado a Israel".
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu
descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese
es el que bautiza en el Espíritu Santo'.
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de
Dios".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la
Iglesia
Comentario al Evangelio de Juan, Libro 2: PG 73, 191-194
“He aquí el Cordero de Dios”
Y en verdad, un solo cordero murió por todos, preservando así
toda la grey de los hombres para Dios Padre: uno por todos, para someternos
todos a Dios; uno por todos, para ganarlos a todos; en fin, para que todos no
vivan ya para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos…
Estando efectivamente implicados en multitud de pecados y
siendo, en consecuencia, esclavos de la muerte y de la corrupción, el Padre
entregó a su Hijo en rescate por nosotros, uno por todos, porque todos
subsisten en Él y Él es mejor que todos. Uno ha muerto por todos, para que
todos vivamos en Él.
La muerte que absorbió al Cordero degollado por nosotros,
también en Él y con Él se vio precisada a devolvernos a todos la vida. Todos
nosotros estábamos en Cristo, que por nosotros y para nosotros murió y
resucitó.
Abolido, en efecto, el pecado, ¿quién podía impedir que fuera
asimismo abolida por Él la muerte, consecuencia del pecado? Muerta la raíz,
¿cómo puede salvarse el tallo? Muerto el pecado, ¿qué justificación le queda a
la muerte? Por tanto, exultantes de legítima alegría por la muerte del Cordero
de Dios, lancemos el reto: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está,
infierno, tu aguijón?”
Como en cierto lugar cantó el salmista: A la maldad se le tapa
la boca, y en adelante no podrá ya seguir acusando a los que pecan por
fragilidad, porque “Dios es el que justifica. Cristo nos rescató de la
maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito”, para que nosotros nos
veamos libres de la maldición del pecado.
OOOOOOOOOOOOO
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