viernes 03 Enero 2014
Feria de tiempo de Navidad (3 ene.)
Ver el comentario abajo,
Santa Teresa Benedicta de la Cruz: “El Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo”
Evangelio según San Juan 1,29-34.
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
"Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre
que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que
él fuera manifestado a Israel".
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu
descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me
dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese
es el que bautiza en el Espíritu Santo'.
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de
Dios".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942),
carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
Las Bodas del Cordero, 14/9/1940
“El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
En el Apocalipsis, el apóstol Juan escribe: “Vi entonces en
medio del trono…un Cordero en pie con señales de haber sido degollado” (Ap
5,6). Cuando el vidente de Patmos contempló esta visión, aún estaba vivo en él
el recuerdo inolvidable de ese día junto al Jordán, cuando Juan el Bautista le
señaló al “Cordero de Dios” que “quita el pecado del mundo”…
Pero, el Señor ¿por qué había elegido el cordero como símbolo
privilegiado? ¿Por qué se mostró, incluso, de ese modo en el trono de la eterna
gloria? Porque él estaba libre de pecado y era humilde como un cordero; y
porque él había venido para “dejarse llevar como cordero al matadero” (Is
53,7). Todo eso también lo presenció Juan cuando el Señor se dejó atar en el
Monte de los Olivos. Allí, en el Gólgota, fue llevado a cumplimiento el
auténtico sacrificio de reconciliación. A partir de entonces los antiguos
sacrificios perdieron su eficacia; y pronto desaparecerían del todo, igual que
el antiguo sacerdocio, cuando el templo fue destruido. Todo esto lo vivió Juan
de cerca. Por eso no le asombraba ver al Cordero en el Trono.
Igual que el Cordero tuvo que ser matado para ser elevado
sobre el trono de la gloria, así el camino hacia la gloria conduce a todos los
elegidos para “el banquete de bodas” a través del sufrimiento y de la cruz. El
que quiera desposar al Cordero tiene que dejarse clavar con él en la cruz. Para
esto están llamados todos los que están marcados con la sangre del Cordero (cf
Ex 12,7), y éstos son todos los bautizados. Pero no todos entienden esta
llamada y la siguen.
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