Jueves 30 Enero 2014
Jueves de la tercera semana del tiempo ordinario
Ver el comentario abajo,
Evangelio según San Marcos 4,21-25.
Jesús les decía: "¿Acaso se trae una lámpara para ponerla
debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el
candelero?
Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada
secreto que no deba manifestarse.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!".
Y les decía: "¡Presten atención a lo que oyen! La medida
con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía.
Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le
quitará aun lo que tiene".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Francisco de Asís (1182-1226), fundador de los Hermanos
Menores
Admoniciones, 18.2- 19.1.2.3-20.1.2.-21.1.3- 28
"Al que tiene se le dará; pero al que no tiene, se le
quitará hasta lo que tiene"
Bienaventurado el siervo que devuelve todos los bienes al
Señor Dios, porque quien retiene algo para sí, esconde en sí el dinero de su
Señor Dios (Mt 25,18), y lo quecreía tener se le quitará (Lc 8,18).
Bienaventurado el siervo que no se tiene por mejor cuando es
engrandecido y exaltado por los hombres, que cuando es tenido por vil, simple y
despreciado, porque cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es y no más.
Bienaventurado aquel religioso que no encuentra placer y
alegría sino en las santísimas palabras y obras del Señor, y con ellas conduce
a los hombres al amor de Dios con gozo y alegría (cf. Sal 50,10)…
Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta
todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es ligero para hablar (cf. Prov
29,20), sino que prevé sabiamente lo que debe hablar y responder. ¡Ay de aquel
religioso que no guarda en su corazón los bienes que el Señor le muestra (cf.
Lc 2,19.51) y no los muestra a los otros con obras, sino que, con miras a la
recompensa, ansía más bien mostrarlos a los hombres con palabras! Él recibe su
recompensa (cf. Mt 6,2.16), y los oyentes sacan poco fruto…
Bienaventurado el siervo que atesora en el cielo (cf. Mt 6,20)
los bienes que el Señor le muestra, y no ansía manifestarlos a los hombres con
la mira puesta en la recompensa, porque el Altísimo en persona manifestará sus
obras a todos aquellos a quienes le plazca. Bienaventurado el siervo que guarda
en su corazón los secretos del Señor (cf. Lc 2,19.51).
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