Martes 07 Enero 2014
Martes de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
Ver el comentario abajo,
Papa Francisco: “El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una
gran luz”
Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25.
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se
retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del
lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el
profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de
la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre
los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar:
"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas,
proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y
dolencias de la gente.
Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos
los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados,
epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la
Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Papa Francisco
Encíclica “Lumen fidei / La Luz de la fe”, §35 (trad. ©
Libreria Editrice Vaticana)
“El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz”
La luz de la fe en Jesús ilumina también el camino de todos
los que buscan a Dios, y constituye la aportación propia del cristianismo al
diálogo con los seguidores de las diversas religiones… Imagen de esta búsqueda
son los Magos, guiados por la estrella hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Para ellos,
la luz de Dios se ha hecho camino, como estrella que guía por una senda de
descubrimientos. La estrella habla así de la paciencia de Dios con nuestros
ojos, que deben habituarse a su esplendor.
El hombre religioso está en camino y ha de estar dispuesto a
dejarse guiar, a salir de sí, para encontrar al Dios que sorprende siempre.
Este respeto de Dios por los ojos de los hombres nos muestra que, cuando el
hombre se acerca a él, la luz humana no se disuelve en la inmensidad luminosa
de Dios, como una estrella que desaparece al alba, sino que se hace más
brillante cuanto más próxima está del fuego originario, como espejo que refleja
su esplendor.
La confesión cristiana de Jesús como único salvador, sostiene
que toda la luz de Dios se ha concentrado en él, en su “vida luminosa”, en la
que se desvela el origen y la consumación de la historia (Decl. Dominus Jesus).
No hay ninguna experiencia humana, ningún itinerario del hombre hacia Dios, que
no pueda ser integrado, iluminado y purificado por esta luz. Cuanto más se
sumerge el cristiano en la aureola de la luz de Cristo, tanto más es capaz de
entender y acompañar el camino de los hombres hacia Dios.
00000000000000000000000000
No hay comentarios:
Publicar un comentario