Viernes 24 Enero 2014
Viernes de la segunda semana del tiempo ordinario
Evangelio según San Marcos 3,13-19.
Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso.
Ellos fueron hacia él,
y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para
enviarlos a predicar
con el poder de expulsar a los demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de
Pedro;
Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los
que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;
luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo
de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo,
y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Concilio Vaticano II
Decreto sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes
“Presbyterorum ordinis”, § 2
“La institución de los Doce”
El Señor Jesús, "a quien el Padre santificó y envió al
mundo" (Jn 10, 36), hace partícipe a todo su Cuerpo místico de la unción
del Espíritu con que El está ungido: puesto que en El todos los fieles se
constituyen en sacerdocio santo y real, ofrecen a Dios, por medio de
Jesucristo, sacrificios espirituales, y anuncian el poder de quien los llamó de
las tinieblas a su luz admirable. No hay, pues, miembro alguno que no tenga su
cometido en la misión de todo el Cuerpo, sino que cada uno debe glorificar a
Jesús en su corazón y dar testimonio de El con espíritu de profecía.
Mas el mismo Señor, para que los fieles se fundieran en un
solo cuerpo, en que "no todos los miembros tienen la misma función"
(Rom 12, 4), entre ellos constituyó a algunos ministros que, ostentando la
potestad sagrada en la sociedad de los fieles, tuvieran el poder sagrado del
Orden, para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempeñar
públicamente, en nombre de Cristo, la función sacerdotal en favor de los
hombres. Así, pues, enviados los apóstoles, como El había sido enviado por el
Padre, Cristo hizo partícipes de su consagración y de su misión, por medio de
los mismos apóstoles, a los sucesores de éstos, los obispos, cuya función
ministerial fue confiada a los presbíteros, en grado subordinado, con el fin de
que, constituidos en el Orden del presbiterado, fueran cooperadores del Orden
episcopal, para el puntual cumplimiento de la misión apostólica que Cristo les
confió.
El ministerio de los presbíteros, por estar unido al Orden
episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo forma, santifica y
rige su Cuerpo. Por lo cual, el sacerdocio de los presbíteros supone,
ciertamente, los sacramentos de la iniciación cristiana, pero se confiere por
un sacramento peculiar por el que los presbíteros, por la unción del Espíritu
Santo, quedan marcados con un carácter especial que los configura con Cristo
Sacerdote, de tal forma, que pueden obrar en nombre de Cristo Cabeza.
(Referencias Bíblicas: Jn 10,36; Ef 5,30; Mt 3,16; Lc 4,18; 1P
2,5.9; 3,15; Ap 19,10; Rm 12,4; Jn 20,21)
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