sábado 04 Enero 2014
Feria de tiempo de Navidad (4 ene.)
Ver el comentario abajo,
San Alfonso María de Ligorio : “He aquí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo”
Evangelio según San Juan 1,35-42.
Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus
discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero
de Dios".
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó:
"¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido
significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde
vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a
Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le
dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le
dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que
traducido significa Pedro.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo y doctor de
la Iglesia
1ª Meditación para la Octava de Navidad
“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
Señor, yo soy la oveja que, por andar tras mis placeres y
caprichos, me he perdido miserablemente; mas Vos, Pastor y juntamente Cordero
divino, sois aquel que habéis venido del cielo a salvarme, sacrificándoos cual
víctima sobre la cruz en satisfacción de mis pecados. Si yo, quiero enmendarme,
¿qué debo temer? ¿Por qué no debo confiarlo todo de vos, mi Salvador, que
habeis nacido de intento para salvarme? ¿Qué mayor señal de misericordia
podíais darme?
Oh dulce Redentor mío, para inspirarme confianza, que daros
vos mismo? Yo os he hecho llorar en el establo de Belén; pero si vos habéis
venido a buscarme, yo me arrojo confiado a vuestros piés; y aunque os vea
afligido y envilecido en ese pesebre, reclinado sobre la paja, os reconozco por
mi Rey y Soberano. Oigo ya esos vuestros dulces vagidos, que me convidan a
amaros, y me piden el corazón. Aquí le teneis, Jesús mío. Hoy lo presento a
vuestros piés; mudadlo, inflamadlo Vos, que a este fin habeis venido al mundo,
para
inflamar los corazones con el fuego de vuestro santo amor.
Oigo también que desde ese pesebre me decís: “Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón”. Y yo respondo ¡Ah, Jesús mío! Y si no amo a Vos, que sois mi Dios
y Señor ¿a quién he de amar?
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