________________________________________________________________
Evangelio según San Mateo 28,8-15.
Las mujeres,
atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y
fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su
encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole
los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a
mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se
alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes
todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común
acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta
consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su
cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador,
nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier
contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta
versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Pedro
Crisólogo (c.406-450), arzobispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón
76,2-3; CCL 24A, 465-467
El ángel dijo a las mujeres (...): “Y ahora id enseguida a decir
a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros
a Galilea; allí le veréis”. “Ya os lo he dicho” (Mateo 28,7). Al decir esto, el
ángel no se dirigía a María Magdalena ni a la otra María, sino que a estas dos
mujeres, Él encomendaba la misión para la Iglesia, él estaba enviando a la
Esposa en busca del Esposo.
Mientras ellas se marchaban, el Señor
salió a su encuentro y las saludó diciéndoles: “Os saludo, alegraos” (griego)...
Él le había dicho a sus discípulos: “No saludéis a nadie en el camino” (Lucas
10,4); ¿cómo es que en el camino Él acudió al encuentro de estas mujeres y las
saludó con tanta alegría? Él no espera ser reconocido, no busca ser
identificado, no se deja cuestionar, sino que se adelanta con gran ímpetu hacia
este encuentro...
Esto es lo que provoca la fuerza del amor; ésta
fuerza es más fuerte que todo, la que todo sobrepasa. Al saludar a la Iglesia,
es al mismo Cristo al que saluda, porque Él la ha hecho suya, ésta es su carne,
su cuerpo, como lo atestigua el apóstol Pablo: “Él es también la Cabeza del
Cuerpo, de la Iglesia” (Col. 1,18). Sí, es a la Iglesia en su plenitud a la que
personifican estas dos mujeres... Él dispone que estas mujeres ya han alcanzado
la madurez de la fe: ellas dominaron sus debilidades y se apresuraron hacia el
misterio, ellas buscan al Señor con todo el fervor de su fe. Este es el motivo
por el que merecen que Él se entregue a ellas al ir a buscarlas y decirles: “Os
saludo, alegraos”. Él les deja no solo tocarle, sino también aferrarse a Él en
la misma medida de su amor... Estas mujeres son en el seno de la Iglesia, un
ejemplo de predicación de la Buena Noticia.
_______________________________________________________--
No hay comentarios:
Publicar un comentario